jueves, 16 de septiembre de 2010

Tercera persona

La historia es mía, lo que sucedió es o fue mi vida, en esa vida el protagonista era yo. Trataré de recordar todo tal cual fue, día a día, sonrisa tras sonrisa. Pero me limitaré a contarlo en tercera persona, al final, entenderán por qué.
En una fiesta de amigos en común se conocieron. Era de noche, estrellada. No fría, pero tampoco lo suficientemente cálida como para enamorar a los invitados. Por fiesta no deben imaginarse cientos de personas, pero si las necesarias para que comploten en hacerlos conocer a Amado y a quien sería la futura madre de su hijo. Los allí presentes, bailando, dibujaron un camino que tenía un principio y un final, él y ella. Solo se sonrieron e iniciaron un ondulante movimiento, para conocerse más, se limitaron a mirarse un rato. Él la miraba más, ella tenía la vista hacia abajo, por timidez o por descontento. Pero porque se el después de esto, puedo decir que era timidez. Si hubiese sido descontento las cosas no hubiesen pasado como lo hicieron. Tal o cual cosa, imparable. Terminó la oscuridad, porque el sol obligó a la luna a retirarse, se asomaron unos pequeños rayos de luz tibia por las ventanas de la casa en donde se encontraba el festejo y la gente se retiraba como podía, en estados extraños para el pasado, normales para el presente y leves para el futuro. Ella, Canela, acercó sus labios al oído de Amado, intentó decir algo y al no lograrlo dejó escapar rápidamente aire por la nariz. Volteó, golpeó con su cabello almendrado una mejilla de él y camino con una pequeña corrida hasta la puerta, hizo señal a alguien como para que se detuviera, seguramente a algún amigo para que la lleve en el auto y desapareció. De ese día, de esa noche terminada, de ese momento, de ese instante. Amado extasiado retrocedió dando un paso atrás, bajó lentamente y sentó su cuerpo sobre un sillón, se relajó e intentó pensar que faltaba algo. Tal vez, un final feliz. No intercambiaron los números de celular. Velozmente recordó que tenían amigos en común. Durante la tarde que continuó a lo antes contado se dedicó a preguntar quién tenía el teléfono de Canela. Dio con quien le brindó el dato y pidió un reencuentro con un mensaje de texto, o dos, o tres…
SMS Amado: Adiós. Eso falto decirnos
SMS Canela: Te confundiste de número me parece
SMS Amado: No, no si vos sos Canela
SMS Canela: Si soy pero no se quién sos vos
SMS Amado: Soy quien debo ser. Amado, bailaste conmigo aquella noche…
SMS Canela: No se dice que sí en el primer encuentro. Pero mañana es el segundo…
SMS Amado: Entonces, si no entendí mal ¿en dónde?
SMS Canela: Pensé que eso lo elegía usted, señor
SMS Amado: ¿Tiene que ser un lugar seguro? Porque está mi departamento
SMS Canela: El Shopping, mañana a las 15 hs en la entrada principal
SMS Amado: Allí estaré. Besos
Amado luego de cortar quedo pasmado durante unos 3 o 4 minutos, parado en donde estaba, porque empezó enviando el mensaje sentado pero las “maripositas” no las tenía en el estómago, sino en las piernas, nervios y ansiedad con un poco de miedo y extrañeza lo pusieron así. Cuando logró equilibrar su psiquis o su psiquis a su cuerpo, se metió en su habitación, se tiró sobre la cama con un gran salto y solo imaginó el momento mientras miraba el techo. El techo era una gran pantalla blanca en el que se proyectaba su mirada con las intenciones del alma.
Canela, miró el teléfono y provocó una sonrisa expulsando aire, intentando entender qué había hecho y por qué.
Él, desde ese momento en que se arrojó en la cama, hasta unas horas antes de salir rumbo al lugar de encuentro, a su cita, había dormido profundamente, ruborizado pero perfectamente conservado. Bañarse fue lo primero que hizo, se buscaba defectos en el espejo para disimularlos, pero no tenía ninguno. Perfumes, en demasía, olores que no terminaban de ser uno solo y una buena forma de portar su ropa lo llevaron hasta su auto. Arrancó, pero tan perfectamente como había nacido, respetó cada una de las normas de tránsito, sin permitirse si quiera pasar un semáforo en amarillo. Estacionó y ganándole al horario se posó en la entrada del Shopping en el que habían quedado. Un instante después le tocaron el hombro y al darse vuelta allí estaba ella con su cabello almendrado y su ser increíble. Canela traía una flor en la mano.
Amado: Hola… Yo… Sos tan…
Canela: Hola. ¿Vos? ¿Linda? Gracias (Alcanzándole la rosa negra) Para vos…
Amado: No se supone que el hombre tiene que…
Canela: (Interrumpiéndolo) Se supone que, pero me gusta ser distinta
Amado: Entonces supongo que debo decirte muchas gracias (Se acercó a su mejilla y le dio un beso en cámara lenta, se ralentizó más cuando ya tenía apoyado los labios sobre ella)
Conversaron un poco, o mucho mientras caminaban por dentro y fuera del centro comercial. Se conocieron casi completamente. Un día llevó a otro y otro a un mes y un mes a un año y un año a un embarazo. Y un embarazo a una vida. Simplificado así parece apresurada la decisión que tomaron. Una decisión parcial, ya que eligieron tener relaciones y no un hijo, no es que no las hayan tenido antes, pera esta vez parece que la fertilidad de los dos se potenció. Si nadie muere en la víspera, tal vez, nadie sea padre en la víspera. Fueron 9 meses de más unión entre ellos dos, y de tan unidos casi parecían fusionados. Diría que el sol salía por ellos, cada vez que lo hacía recordaban aquella noche en la que se conocieron, en donde la vida tenía otro sentido, en donde la vida se vivía de otra forma, no había ni hijos, ni dormir juntos, ni compartir una cena o una película, solo había un él y un ella. Solo eso, tan solo.
Un 2 de noviembre de 2009 lloraba por primera vez en el planeta Tierra Facundo. Un bebe igual que todos, horrorosamente hermoso, son tan perfectos que son deformes, no respetan el canon de una persona adulta. Ojos claros falsos que luego se transforman en oscuros con el devenir del crecimiento. Los había hecho tan felices a los dos que ellos querían tener otro, y otro, y otro…
Canela se recuperó rápidamente en comparación con otras madres. Conservó su silueta de seductora de chicos de fiestas de medianoche.
Tenían donde vivir, un lugar espacioso, pero ambos ambicionaron con otra cosa, es por esto que Amado aceptó un trabajo por 3 meses alejado de donde vivían. Donde le pagarían lo mismo que un año en su otro trabajo, del cual se licenció sin goce de sueldo. Tomó un ómnibus de larga distancia para llegar donde debía, así recorrió unos 800 kilómetros. En la terminal le hizo prometer a Canela que lo iban a ir a visitar. No le resultaría difícil porque le dejaba el auto para que pueda manejarse cómodamente con el pequeño. Las agujas del reloj dieron 60 veces la vuelta entera y era hora de cumplir la promesa. No aviso a Amado para darle una sorpresa, preparó un bolsito con ropa de ambos para un día o dos, se subió al auto y partió. A solo 150 kilómetros del padre de su hijo se detuvo a un costado en una anchísima banquina porque sonaba insistentemente el celular. Llamada de “MiGordo” así lo había agendado a Amado El papá de Facundo, sumamente despojado de un sentimiento de indeferencia para con su familia, le pidió a Canela realizar entre los dos una videollamada Cada uno se colocó en una posición cómoda para que la cámara de los celulares los tome y comenzaron a parlotearse. En la pantalla del celular de ella se lo veía a él y en el celular de él se la veía a ella junto con Facundo. Amado notó que estaban en el auto y preguntó hacia dónde estaban yendo, con un adiviná atrás, ella respondió que a visitarlo. Él se puso sumamente feliz y sonriendo le decía que la amaba mucho, pero pronto comenzó a cambiar la cara y desesperarse, el te amo continuó suavemente hasta desaparecer, las palabras ya no le salían. De repente un fuerte crujido de metales doblándose y golpeando entre si se escuchó. En la imagen del celular de él ya no se los veía a ellos, el celular había volado producto del choque pero mantenía la videollamada. Mirando el celular no se animaba a pronunciar el nombre de ella, por miedo a que no le responda. Una mínima explosión le comentó que tal vez las cosas ahí no estaban bien y se lo terminó confirmando el llanto del fuego. Un pequeño llanto ardiendo en llamas. Amado comenzó a llorar como intentando apagar el fuego con sus lágrimas. La muerte vino directamente en un camión que se había descontrolado producto que su chofer se había dormido. Una llamada, una única llamada le quedaba como recuerdo a Amado, una llamada que había realizado él, una llamada que había asesinado a su familia.
Así es como desperté acá, en donde me ayudan a olvidar o intentar recordar, no lo se. Solo se que aprendí que contarlo en tercera persona lo hace menos doloroso, me aleja de ese momento y de ese sufrimiento que me dijeron tuve manifestado como un ataque de pánico, un brote psicótico, intentos de suicidios, de reencuentro con mi familia. Pero hice este esfuerzo para recordar y poder contárselo, porque usted me lo pidió, me lo pide todos los días, me hace recordar aquellos quejidos de dolor intenso de las llamas que solo ardían consumiendo lo que había sido mi felicidad… ¿Por qué me hace esto?
Desde afuera de la habitación donde se encontraba Nahuel, lo observaban sus padres juntos con un médico. La mamá de él contenida por el abrazo del papá de él escuchaban al psiquiatra, el cual, señalando a Amado les explicaba que el cuadro no era favorable, que parecía empeorar día a día, que los psicotrópicos y fármacos para tratar de regularizar su psiquis no estaban respondiendo, que a 3 años de haber ingresado a la clínica psiquiátrica no solo manifestaba hablar con alguien sino también que en el último tiempo se había inventado un nombre, una vida, una familia, una situación, un accidente…