jueves, 16 de septiembre de 2010

Tercera persona

La historia es mía, lo que sucedió es o fue mi vida, en esa vida el protagonista era yo. Trataré de recordar todo tal cual fue, día a día, sonrisa tras sonrisa. Pero me limitaré a contarlo en tercera persona, al final, entenderán por qué.
En una fiesta de amigos en común se conocieron. Era de noche, estrellada. No fría, pero tampoco lo suficientemente cálida como para enamorar a los invitados. Por fiesta no deben imaginarse cientos de personas, pero si las necesarias para que comploten en hacerlos conocer a Amado y a quien sería la futura madre de su hijo. Los allí presentes, bailando, dibujaron un camino que tenía un principio y un final, él y ella. Solo se sonrieron e iniciaron un ondulante movimiento, para conocerse más, se limitaron a mirarse un rato. Él la miraba más, ella tenía la vista hacia abajo, por timidez o por descontento. Pero porque se el después de esto, puedo decir que era timidez. Si hubiese sido descontento las cosas no hubiesen pasado como lo hicieron. Tal o cual cosa, imparable. Terminó la oscuridad, porque el sol obligó a la luna a retirarse, se asomaron unos pequeños rayos de luz tibia por las ventanas de la casa en donde se encontraba el festejo y la gente se retiraba como podía, en estados extraños para el pasado, normales para el presente y leves para el futuro. Ella, Canela, acercó sus labios al oído de Amado, intentó decir algo y al no lograrlo dejó escapar rápidamente aire por la nariz. Volteó, golpeó con su cabello almendrado una mejilla de él y camino con una pequeña corrida hasta la puerta, hizo señal a alguien como para que se detuviera, seguramente a algún amigo para que la lleve en el auto y desapareció. De ese día, de esa noche terminada, de ese momento, de ese instante. Amado extasiado retrocedió dando un paso atrás, bajó lentamente y sentó su cuerpo sobre un sillón, se relajó e intentó pensar que faltaba algo. Tal vez, un final feliz. No intercambiaron los números de celular. Velozmente recordó que tenían amigos en común. Durante la tarde que continuó a lo antes contado se dedicó a preguntar quién tenía el teléfono de Canela. Dio con quien le brindó el dato y pidió un reencuentro con un mensaje de texto, o dos, o tres…
SMS Amado: Adiós. Eso falto decirnos
SMS Canela: Te confundiste de número me parece
SMS Amado: No, no si vos sos Canela
SMS Canela: Si soy pero no se quién sos vos
SMS Amado: Soy quien debo ser. Amado, bailaste conmigo aquella noche…
SMS Canela: No se dice que sí en el primer encuentro. Pero mañana es el segundo…
SMS Amado: Entonces, si no entendí mal ¿en dónde?
SMS Canela: Pensé que eso lo elegía usted, señor
SMS Amado: ¿Tiene que ser un lugar seguro? Porque está mi departamento
SMS Canela: El Shopping, mañana a las 15 hs en la entrada principal
SMS Amado: Allí estaré. Besos
Amado luego de cortar quedo pasmado durante unos 3 o 4 minutos, parado en donde estaba, porque empezó enviando el mensaje sentado pero las “maripositas” no las tenía en el estómago, sino en las piernas, nervios y ansiedad con un poco de miedo y extrañeza lo pusieron así. Cuando logró equilibrar su psiquis o su psiquis a su cuerpo, se metió en su habitación, se tiró sobre la cama con un gran salto y solo imaginó el momento mientras miraba el techo. El techo era una gran pantalla blanca en el que se proyectaba su mirada con las intenciones del alma.
Canela, miró el teléfono y provocó una sonrisa expulsando aire, intentando entender qué había hecho y por qué.
Él, desde ese momento en que se arrojó en la cama, hasta unas horas antes de salir rumbo al lugar de encuentro, a su cita, había dormido profundamente, ruborizado pero perfectamente conservado. Bañarse fue lo primero que hizo, se buscaba defectos en el espejo para disimularlos, pero no tenía ninguno. Perfumes, en demasía, olores que no terminaban de ser uno solo y una buena forma de portar su ropa lo llevaron hasta su auto. Arrancó, pero tan perfectamente como había nacido, respetó cada una de las normas de tránsito, sin permitirse si quiera pasar un semáforo en amarillo. Estacionó y ganándole al horario se posó en la entrada del Shopping en el que habían quedado. Un instante después le tocaron el hombro y al darse vuelta allí estaba ella con su cabello almendrado y su ser increíble. Canela traía una flor en la mano.
Amado: Hola… Yo… Sos tan…
Canela: Hola. ¿Vos? ¿Linda? Gracias (Alcanzándole la rosa negra) Para vos…
Amado: No se supone que el hombre tiene que…
Canela: (Interrumpiéndolo) Se supone que, pero me gusta ser distinta
Amado: Entonces supongo que debo decirte muchas gracias (Se acercó a su mejilla y le dio un beso en cámara lenta, se ralentizó más cuando ya tenía apoyado los labios sobre ella)
Conversaron un poco, o mucho mientras caminaban por dentro y fuera del centro comercial. Se conocieron casi completamente. Un día llevó a otro y otro a un mes y un mes a un año y un año a un embarazo. Y un embarazo a una vida. Simplificado así parece apresurada la decisión que tomaron. Una decisión parcial, ya que eligieron tener relaciones y no un hijo, no es que no las hayan tenido antes, pera esta vez parece que la fertilidad de los dos se potenció. Si nadie muere en la víspera, tal vez, nadie sea padre en la víspera. Fueron 9 meses de más unión entre ellos dos, y de tan unidos casi parecían fusionados. Diría que el sol salía por ellos, cada vez que lo hacía recordaban aquella noche en la que se conocieron, en donde la vida tenía otro sentido, en donde la vida se vivía de otra forma, no había ni hijos, ni dormir juntos, ni compartir una cena o una película, solo había un él y un ella. Solo eso, tan solo.
Un 2 de noviembre de 2009 lloraba por primera vez en el planeta Tierra Facundo. Un bebe igual que todos, horrorosamente hermoso, son tan perfectos que son deformes, no respetan el canon de una persona adulta. Ojos claros falsos que luego se transforman en oscuros con el devenir del crecimiento. Los había hecho tan felices a los dos que ellos querían tener otro, y otro, y otro…
Canela se recuperó rápidamente en comparación con otras madres. Conservó su silueta de seductora de chicos de fiestas de medianoche.
Tenían donde vivir, un lugar espacioso, pero ambos ambicionaron con otra cosa, es por esto que Amado aceptó un trabajo por 3 meses alejado de donde vivían. Donde le pagarían lo mismo que un año en su otro trabajo, del cual se licenció sin goce de sueldo. Tomó un ómnibus de larga distancia para llegar donde debía, así recorrió unos 800 kilómetros. En la terminal le hizo prometer a Canela que lo iban a ir a visitar. No le resultaría difícil porque le dejaba el auto para que pueda manejarse cómodamente con el pequeño. Las agujas del reloj dieron 60 veces la vuelta entera y era hora de cumplir la promesa. No aviso a Amado para darle una sorpresa, preparó un bolsito con ropa de ambos para un día o dos, se subió al auto y partió. A solo 150 kilómetros del padre de su hijo se detuvo a un costado en una anchísima banquina porque sonaba insistentemente el celular. Llamada de “MiGordo” así lo había agendado a Amado El papá de Facundo, sumamente despojado de un sentimiento de indeferencia para con su familia, le pidió a Canela realizar entre los dos una videollamada Cada uno se colocó en una posición cómoda para que la cámara de los celulares los tome y comenzaron a parlotearse. En la pantalla del celular de ella se lo veía a él y en el celular de él se la veía a ella junto con Facundo. Amado notó que estaban en el auto y preguntó hacia dónde estaban yendo, con un adiviná atrás, ella respondió que a visitarlo. Él se puso sumamente feliz y sonriendo le decía que la amaba mucho, pero pronto comenzó a cambiar la cara y desesperarse, el te amo continuó suavemente hasta desaparecer, las palabras ya no le salían. De repente un fuerte crujido de metales doblándose y golpeando entre si se escuchó. En la imagen del celular de él ya no se los veía a ellos, el celular había volado producto del choque pero mantenía la videollamada. Mirando el celular no se animaba a pronunciar el nombre de ella, por miedo a que no le responda. Una mínima explosión le comentó que tal vez las cosas ahí no estaban bien y se lo terminó confirmando el llanto del fuego. Un pequeño llanto ardiendo en llamas. Amado comenzó a llorar como intentando apagar el fuego con sus lágrimas. La muerte vino directamente en un camión que se había descontrolado producto que su chofer se había dormido. Una llamada, una única llamada le quedaba como recuerdo a Amado, una llamada que había realizado él, una llamada que había asesinado a su familia.
Así es como desperté acá, en donde me ayudan a olvidar o intentar recordar, no lo se. Solo se que aprendí que contarlo en tercera persona lo hace menos doloroso, me aleja de ese momento y de ese sufrimiento que me dijeron tuve manifestado como un ataque de pánico, un brote psicótico, intentos de suicidios, de reencuentro con mi familia. Pero hice este esfuerzo para recordar y poder contárselo, porque usted me lo pidió, me lo pide todos los días, me hace recordar aquellos quejidos de dolor intenso de las llamas que solo ardían consumiendo lo que había sido mi felicidad… ¿Por qué me hace esto?
Desde afuera de la habitación donde se encontraba Nahuel, lo observaban sus padres juntos con un médico. La mamá de él contenida por el abrazo del papá de él escuchaban al psiquiatra, el cual, señalando a Amado les explicaba que el cuadro no era favorable, que parecía empeorar día a día, que los psicotrópicos y fármacos para tratar de regularizar su psiquis no estaban respondiendo, que a 3 años de haber ingresado a la clínica psiquiátrica no solo manifestaba hablar con alguien sino también que en el último tiempo se había inventado un nombre, una vida, una familia, una situación, un accidente…

domingo, 6 de junio de 2010

La virtud de amar

Las historias de amor se escriben de a dos, esta sin embargo se había escrito sola. Una historia es de amor cuando se suceden momentos felices en ella, pero no todo es color de rosa, como si el rosa fuese felicidad, es rosa la sangre cuando se va desparramando por el agua, se hace rosa la sangre roja cuando mancha el cuerpo puro de una joven virgen… En las historias de amor transcurren momentos no tan felices, hasta trágicos, o no. Pero si es que existen esos feos momentos, son esos momentos los que atraviesan como una flecha mortal el amor de la historia feliz, la van marcado y haciéndola sufrir, por eso siempre morimos al final, porque nos desangramos por los flechazos de un Cupido que no existe, de un Narciso que nos paraliza y de una Afrodita que nos enamora. ¿Será que el amor existe realmente? Dónde queda registro del amor que pasó por nuestras vidas, se puede dar amor o recibirlo intangiblemente como el aire que respiramos, que lo sentimos pero no lo vemos, sin él morimos pero por él morimos también. Seguir respirando es seguir viviendo, y seguir viviendo es acercarse de a poco a la muerte. Una vez muertos solo vivimos la muerte, pero de una u otra forma absurda seguimos viviendo.
Por otra parte una historia de amor es historia cuando ya pasó, porque en el momento que acaece es presente. La historias de amor en si, no existen.
Un timbre profundo y tan lejanamente cercano levantó la mirada de Simón, lo despertó del sueño casi húmedo que estaba teniendo y lo golpeó contra la mirada de Sofía, que salía del curso hacia el recreo sonriendo, sacudiendo el cabello e invitándolo con sus movimientos a salir tras ella. Era el último año antes de la separación de unos cuantos que se conocían hace más de una década, todo había pasado muy rápido, no obstante en los sueños no pasa el tiempo y si lo hace solo basta volver a cerrar los ojos para que comience de cero todo. Lamentablemente la vida no es un sueño. Si lo fuese, al despertar de la vida terminaría todo para siempre. Simón ya casi que soñaba despierto, Sofía era su sueño. Ese sonido que hizo que ella se fuese por un momento, al que llaman timbre, marcó que ella saliese y cuando volvió a sonar, pero esta vez sin el efecto anterior, hizo que regrese a sentarse en su lugar. Las manecillas que avanzaban llegando una y otra vez al mismo lugar le contaban en secreto a Simón que se acercaba el momento de esperar hasta el otro día para verla, para que se repitiesen los momentos que el tanto disfrutaba al verla ser ella. El tiempo es, hoy, la cuarta dimensión, Simón se sentía en ella, Sofía al parecer no quería registrarlo, casi paradójicamente, ni le daba la hora. Ya todos quietos en el aula, en una clase un profesor preguntó algo, algo importante, algo determinante, ambos levantaron la mano casi al unísono, se miraron, ella lo vio en los ojos de él, y entendió que debía empezar todo para que terminase, no le interesaba nada, creía en el destino, él, en cambio, no pudo ver sus propios ojos, tal vez por eso no vio lo que ella sí, tal vez por eso continuó adelantando las agujas del tiempo, feliz por poder hacerlo, y eternamente infeliz por desconocer lo que jamás debió siquiera acercarse a la historia. Al final, ninguno de los dos respondió a la pregunta.
De ese suceso pasaron meses que llevaron a un agosto del mismo año, un agosto que empezaba con dos manos unidas fuertemente, que guardaban un calor que luchaba contra el frío del invierno. Del resto de la relación no importa mucho, ya que hacían culto a los clichés más estereotipados del cine. Solo importa un día en especial, uno que salieron a caminar por ahí, y más que caminar, corretearon por las calles nevadas de Buenos Aires. Un sonido de muerte fue lanzado por un camión que iba velozmente hasta ellos, uno le impidió al otro que terminara de cruzar la calle, los dos fueron hacia la vereda rápidamente marchando a la inversa pero esto bastó solo para no ser embestidos por el camión, el hielo provocó un resbalón brusco que impulsó el acoplado de este, se soltó y aplastó a Simón y Sofía, tomados de la mano esta vez luchaban contra la muerte y no contra el frío del invierno.
Simón despertó unas semanas más tarde, casi recuperado, fracturas y traumatismos ya quedaron en el pasado para él. Vio a su padre y preguntó por Sofía, ella no había corrido la misma suerte, al parecer mientras él mejoraba día a día, ella se moría un poco más. Pidió primeramente, y luego exigió ir a verla, como pudo, con ayuda, un suero colgando, vendajes, hematomas llegó hasta donde estaba su pareja. Notó el estado de esta, apretó los dientes, y después la lengua contra el paladar, tragó saliva y mientras hacía esto un escalofrío tibio recorrió su cuerpo, pero desde los pies hasta la cabeza. Movió la vista buscando lo que sabía estaba ahí, y vio a una Sofía que no era su novia parada al lado de la tiesa moribunda, se acercó a ella y escuchó que susurraba unas palabras: “Un día cerré los ojos, no pude abrirlos hasta hoy, pero ya no veo desde aquellos ojos que había cerrado. Ahora soy una otra que se ve a si misma, me veo con los ojos cerrados, con una lágrima que quiere escaparse, pero teme ser el ultimo dejo de vida en mi... Tal vez el día que esa lágrima se vaya o se seque lo haga junto a mis ganas de vivir, de seguir o de morir. Me sorprende como una lagrima puede tomar vida y brillar por mi, intenta mantenerse ahí, noto que le cuesta, y cada vez más. No soporto verme así, me voy a acercar y con mi mano y un suave movimiento la voy a borrar de mi rostro...” La Sofía susurradora al terminar lo miró fijo a Simón dándole a entender que lo que había dicho era para él. Él se acercó aun más a su novia y la acarició por última vez, quitando del medio eso que tanto la inquietaba, sacando la lágrima de su rostro. Se dio media vuelta y muy despacio como había llegado se retiró hasta su habitación. Cuando terminó de acostarse su padre le informó que lamentablemente Sofy, como la conocían en la casa de Simón, se había ido volando para cuidarlo desde el cielo. Él le sonrió y le dijo: “Gracias por intentar trasformar la muerte, pero la muerte no es como el tiempo, la muerte si existe” Un desconsuelo reino en Simón.
Cumplido un tiempo que consideró él mismo el prudente, se vistió, agarró un morral que tenía, y caminó un tiempo largo, para pensar, entró por unas rejas grandes y anchas que terminaban en muros blanco y altos, desprovistos de vida. Se sentó en lo que sería la tumba de Sofía, sacó del morral una hoja y un lápiz y garabateó:
“Se que esto fue un accidente. El accidente que no fue. Fue provocado por alguien o algo, en estos casos nunca se sabe. Supe que no podía volver el tiempo atrás, y entonces mucho menos la muerte, supe que nunca más vendrías hasta mi ni yo iría hacia ti, supe que ya no te amaba más, porque estabas muerta, y no puedo amar a la muerte que te mató, supe entonces que yo, fui tu muerte. Perdón.”
Dejó la hoja apoyada sobre la cruz de cemento y se fue caminando muy despacio como había llegado. Había llegado, la muerte, había llegado.
¿Podemos evitar lo que sabemos que es inevitable? Esa fue la pregunta del profesor. Ella supo que no, él en cambio, no respondió, solo, secó su propia lágrima.

viernes, 30 de abril de 2010

El silencio que se quiso hacer escuchar

A veces, el silencio es la peor mentira
Miguel de Unamuno

Sebastian, de chico, solía escribir, aunque aprendió a hacerlo a una edad más tardía que los demás, como si algo lo retrasaba, evitaba el momento, el futuro, que ahora es presente y ya es pasado. No hablaba mucho, o más bien no demasiado, lo normal, lo que una persona habla cuando quiere hablar y lo que calla cuando quiere callar, pero sus silencios decían más que sus palabras. Sus silencios eran su vida. Nadie nunca llegó a leer nada de lo que él escribió, lo hacía a escondidas, en cualquier momento, a cualquier hora, pero siempre en el mismo lugar. Lo que escribía no se parecía a nada ya escrito, por su vida, por lo que hablaba o callaba, aún no lo comprende. No seguía una línea en cuanto al género, rompía cuanta regla narrativa existía, creaba su estilo propio. Improvisaba sobre las improvisaciones, sus historias trasladaban al lector al mundo que Sebastian creaba, tenía esa virtud, era más que un don. Él no lo sabía, pero su silencio algún día iba a cambiarlo todo…
Convertía cuanta palabra se cruzaba en su cabeza en algo poético, más bien les daba vida, les permitía escribirse solas, les daba esa libertad, libertad que él no tenía, que se la había quitado el silencio. La luz, el tiempo, las sombras, la sangre, el viento, el frío, todo lo que plasmaba en una hoja era sublime, traspasaba el límite de la escritura, se alejaba tanto que se perdía, aunque no se daba cuenta de eso. Creía que lo hacía bien, pero no tanto. Poseía un cuaderno, del tamaño oficio o A4, ese era su mundo, o parte. Cuando se le ocurría algo iba a buscar rápido ese mundo para copiarlo apresurado para que no se le olvide, aunque se le ocurría todo tan rápido que seguro muchas ideas le quedaban en la mente, atrapadas allí, o esperando en silencio para algún día salir. No podía solo poner una frase para continuarla luego, siempre, absolutamente siempre se entusiasmaba escribiendo hasta que terminaba una historia, y empezaba otra, o modificaba la anterior para mantenerla viva, porque consideraba que cuando una historia suya culminaba, moría. Sus historias le hablaban mientras transcurrían, pero cuando colocaba la palabra “fin” quedaban mudas, y ya no le susurraban. Él las enmudecía no mostrándoselas a nadie, si lo hubiese hecho sus historias estarían vivas continuamente, es más, se continuarían escribiendo solas.
En una oportunidad, se le ocurrió escribir sobre su vida, lo que todos suelen llamar biografía, pero lo hizo de una manera muy especial, colocando solo palabras, separadas por puntos, puntos seguidos porque la vida es seguida, y no había punto final porque un punto final es el fallecimiento, y nadie puede poner punto final en una autobiografía. La misma decía: Nacimiento. Nombramiento. Felicidad. Crecer. Gatear. Caminar. Balbucear. Hablar. Preescolar. Llorar. Pelearse. Madurez. Primaria. Muerte. Actuar. Desarrollarse. Secundaria. Reír. Terminar. Decidir. Escribir. Dudar. Incertidumbre… Es o era extraña su vida, eran solo palabras, todo lo expresaba en una historia, menos su vida. Aunque solo para él esas palabras se unían en alguien que se llamaba Sebastian, de apellido Bach, él. Seguramente le aburría la idea de lo convencional y por eso la “narró” así, palabra por palabra. Si las leemos detenidamente lograremos entender su vida, está tras cada letra, en cada espacio, en cada punto seguido.
Sus años en el colegio no lo marcaron positivamente, ni siquiera lo marcaron. Siendo común era el chico raro, solo por ser común y corriente. Los adolescentes son crueles, lo hacían sentir diferente, sin poseer razones justas para hacerlo. No resaltaba ni se diferenciaba de los demás, solo estaba pegado a un cuaderno, en el que escribía en el recreo o en las horas libres, en algún momento lo hizo constantemente, se había vuelto adicto, se obsesionó con la escritura, tal vez porque se aislaba de la realidad, o iba a la misma, esgrimiendo un puente de fantasía escrita, un puente infinito con final, el cual cruzaba con un esbozo de sonrisa y una emoción cualitativa, algo extraño, algo como Sebastian. Era extrañamente indescifrable.
No tenía una personalidad marcada, o más bien visible, clara, entendible. No se conocía su forma de pensar, ni sus opiniones respecto al entorno, a la política o la sociedad. Lo poco que alguien pudo saber de él era porque leyó algo que encontró de casualidad en un papel que estaba arrugado y tirado por ahí, solo, discriminado del resto de las historias, decía: “No soy normal, las personas que escribimos no lo somos, creo personas que no existen, ni existirán (lamentablemente), se me aparecen, sus rostros, sus formas de vestir, peor aún, creo mundos, estados de ánimo, uno todo en fondos blancos con líneas paralelas que estructuran la vida de esos seres inalcanzables. Les pasan cosas que yo decido que les pase, y en realidad no les pasa nada, porque no existen para nadie, solo para mi, entonces sí, de una forma u otra, existen, yo los conozco, pero ellos a mi no, soy su Dios, pero ni siquiera dudan de me existencia. No solo no soy normal, sino que soy un tirano, que los condeno a mi gusto, por diversión, no debo ser su Dios, debo ser su infierno. Su silencio o el mío”.
En una ocasión o tal vez en dos, azarosamente empezó a contar sobre sus padres “Mamá y papá, o papá y mamá, ¿en que orden debería colocarlos? Eso da igual, mis personajes y sus mundos o mis mundos y sus personajes existen gracias a ellos, en cierta forma, porque nací de ellos dos, sin pedirlo, ellos escribieron mi historia, o al menos la empezaron y luego me dieron el lápiz a mi. A partir de ese momento estuve solo, escribiendo. Ellos estaban ahí, por ahí, no me molestaban, ni yo a ellos, tuvimos una relación normal de padres e hijo, siempre les reclamé un hermano, pero parece que luego de tenerme a mí, su lápiz ya no escribía… Mis padres hicieron todo lo que creyeron correcto para educarme, no puedo juzgarlos por eso”
Sebastian, una tarde oscura, cansado de algo que nunca escribió, encendió una filmadora, la apoyó sobre algo y se alejó de la misma, la miró consternado y pronunció solo algunas palabras, mostró su cuadernos, lo hojeó, y se quedó en silencio. Tomó una lapicera de color azul que escribía en negro, la colocó sobre una de las hojas de su cuaderno y trazó lo que posiblemente sería una futura historia. Cuando la terminó, se levantó de la cama, en donde la estaba escribiendo recostado, buscó por su habitación hasta encontrar su mochila, la cargó con algunas cosas que la cámara no alcanzó a registrar, se acercó a la cama y puso boca abajo un cuadro, que se hallaba en su mesita de luz, con una foto suya sonriendo cuando tenía la mitad de la edad actual. Esperó un momento y se fue de su habitación, el ruido que hizo la puerta de calle al abrirse y luego cerrarse rompió el silenció que estuvo y estaba presente hasta ese instante. Una leve garúa que apenas lograban estar húmeda tocaba el cuerpo de Sebastian, que caminaba por la vida, por su mundo silencioso, ese mundo al cual siempre se iba para escribir. Lo hacía en cualquier momento, a cualquier hora, pero siempre en el mismo lugar. El nombre de la historia que quedó tendida en un cuaderno eterno en su cama era: Autobiografía con punto final.

jueves, 1 de abril de 2010

Hojas teñidas de recuerdos

Matías recién se levantaba de la cama, se vistió como pudo y bajó a desayunar, al final de la escalera lo esperaba un sobre raro, el cual cogió, lo llevó hasta la cocina, se sentó intrigado, dejó descansar la carta sobre la mesa y taxativamente abrió eso que llevaba su nombre escrito con una letra que le resultaba más que familiar…


*


21 de marzo de 2010

Algún lugar, lejano


Hola Matt, te resultará rara esta carta, ya que nunca antes te había escrito una, tal vez porque podía decirte todo mirándote a esos ojos preciosos que tenés. No puedo dejar de pensar en cuanto bien me hace acordarme de vos, se me llenan todos esos espacios vacíos que quedaron por pérdidas pasadas cuando me invade la imagen de tu cara sonriente mirándome y tratando de esbozar “un te adoro” suave y pasajero, pero eterno, absolutamente eterno, eso puedo asegurártelo. Lamentablemente la vida va cambiando, y no podemos hacer nada, y en realidad me pone mal que yo no pueda hacer nada, porque te prometí que con vos a mi lado nada era imposible., aunque ahora no se, no quiero pensar que me equivoqué… los hechos me golpean.

Los recuerdos son muy poderosos, pueden sostener lo insostenible, pueden hacernos sentir cerca de la otra persona aunque esta esté muy lejos, hasta recordamos olores… en esas oportunidades que me pasaba eso tenía los ojos cerrados, me invadía tu aroma y cruzaba los dedos para cuando volviese a abrirlos tenerte a mi lado, acostado, agarrándome la mano y apretándomela para decirme mil cosas y a su vez ninguna. Las cosas se me están yendo de las manos, y no puedo cambiar lo que siento: un te amo es demasiado y un te quiero es muy poco… Necesito que me perdones, que entiendas que las historias cambian, y que no podemos controlarlas, no hay forma. Te juro que si hubiese una no estarías leyendo estas líneas. Se que te van a causar mucho dolor, pero usá los recuerdos, aquellos recuerdos que tengas de nosotros juntos para mantenerte en pie. No encontré otra forma de hacer esto. Consideré que era muchísimo peor si te miraba a los ojos y me encontraba con que por mi culpa se apagaban esos destellos que salían de ellos al verme. Quizás la historia algún día vuelva hacia atrás, y sea otra carta la que te informe que ya soy el de antes, yendo a buscarte para darte un fuerte abrazo, pedirte perdón y empezar de nuevo. Cuando algo vuelve a comenzar de cero tiene muchísima más fuerza que antes. Entendé que no trato de justificarme, ni lavar culpas, ni mucho menos, solo que no tengo la responsabilidad de lo que me pasa, vos tampoco claro está. Solo te pido que me dejes ir, que me olvides, necesito que esa conexión que teníamos se diluya para que me sea todo más fácil. Porque puedo dar fe que esto es mucho más terrible para mí que para vos, porque me desgarro en dolor mientras escribo esto, y me desgarraré de dolor perpetuamente por no saber qué pasó después, es que el después es tan importante. Este es nuestro después. Si hubiese visto esta situación aquella vez que te miré y me enamoré, no hubiese ido a preguntarte tonterías solo para escuchar tu voz y terminar deslumbrándome. No puedo permitirme hacerte sufrir, pero no hacerte sufrir a vos, es destruirme a mi mismo. Trate de revertir la situación pero no pude, no puedo ni tampoco podré. Disculpame. Luchando conmigo mismo, sea quien sea que gane, se que perderé.

No se si estaré siendo duro en lo que escribo, pero plasmo lo que la mano quiere escribir impulsada por algún deseo inconsciente y primitivo, no borré nada, ni tampoco lo haré, porque considero que si hago eso estaría transformando la verdad, u omitiéndola. Es mejor que sepas por qué, y no que te sientas mal por siempre por no saberlo. Por favor no intentes buscarme, dado que no estaré donde me busques, no esperes un llamado porque no tendré el valor de realizarlo, no desees que te sueñe porque cuando comience a hacerlo, despertaré. Se que considerarás terrible no saber nunca más de mi, pero no te preocupes que de seguro estaré muy bien, ojala puedas rehacer tu vida con otra persona que te haga tanto o más feliz que yo, me alegraría mucho por vos. No me cierres todas las puertas, porque hoy pasa esto, pero mañana puede pasar otra cosa, o pasado o en meses, años… o nunca.

Sos llorón, así que te pido que no desperdicies hoy lágrimas por mi, no se si lo valgo, alguien que hace esto no se si vale algo. Se me pasaron unas horas escribiendo esto, y mi futuro toca a la puerta, tendré que ir terminado, aunque quisiera estar escribiendo para siempre, para que nunca tengas esto en tus manos, pero no puedo, no puedo no pensar en mi, en lo que me haría más feliz, en quien me haría mas feliz. Recordá que podemos no estar juntos, pero que los recuerdos siempre estarán allí, esperándote, esperándome, esperándonos para hacernos revivir toda nuestra relación fugazmente, pero tantas veces que se pasarían en cámara lenta. Que mi recuerdo no condicione tu vida, ni la modifique, sino que sea un soporte para que sigas construyéndola.

No haremos más el amor, pero seremos el amor inconcluso que un día se unió para luego poder separarse. Y separarse no esta mal, se sufre, pero se supera, las cosas no pueden durar por siempre, no podemos mentirnos para no hacer sufrir a los demás, no podemos… Realmente lo siento tanto, no se cuántas veces deba escribirlo para que sepas que es algo sincero, para que me creas, para no decepcionarte más…

Creo que hasta hoy viví una terrible confusión, una confusión que se traslado a tu persona, e hizo que te enamores de mi. Si eso te hace bien ansió que lo continúes haciendo, pero dudo que sea algo bueno, dicen que no hay pelea si uno no quiere, lamentablemente en el amor, pueden existir sentimientos aunque no sean mutuos o correspondidos.

El fuego de nuestro amor, terminó quemando nuestra relación, y aun así acá estamos, vos ahí y yo acá, perdidos, por siempre.

No se que más decirte, creo que está todo dicho, y lo que no lo está, lo estará, lamentablemente…

Perdoname, hacelo por lo feliz que te hice hasta hoy, hasta cuando abriste el sobre y empezaste a leer…

Emmanuel


Me olvidaba, definitivamente es un TE AMO


*


Matías no tuvo fuerzas ni para seguir sosteniendo las hojas así que las dejó caer sobre la mesa, esperó un momento, luego se levantó, giró unas perillas y volvió a sentarse en el mismo lugar en el que estaba anteriormente. Algo invisible invadía el ambiente. Mientras pasaba el tiempo se iba quedando dormido suavemente, hasta que el descanso se hizo eterno.


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A modo de pseudocontinuación escribí una Carta que Matías le envió después de lo sucedido a Emmanuel. Para leerla click aca

Aunque no lo quieran, allí estaré

Cuando me veo al espejo, no me veo reflejada a mi…
Emmily

Conocer a los demás es parte de la vida, podemos decir que vivimos para conocer y darnos a conocer. No podríamos relacionarnos con otros sino los conoceríamos. Sería difícil la vida así. Nos desarrollamos en base a relaciones interpersonales, nos socializamos. Formamos nuestro carácter de esta manera, con ayuda del bagaje primario y primordial con el que nacemos. Ahora, ¿cómo serían las cosas sino conociéramos al otro? Absolutamente complicado. No conocer al otro es peligroso. Y más peligroso es aún, si el otro es uno mismo.
Emmily era como la llamaban sus seres queridos, nació como Milagros algún día atrás hace 19 años. Hija de una familia normal, sin aparentes condicionamientos genéticos y una belleza de diosa griega. Poseía una sonrisa cautivadora, como pocas sabía manejar a los hombres con una mirada, aunque tímida, ella lo podía todo. Infinitamente alta y escultural, a pesar de esto cuando salía a caminar pocos se percataban de su existencia. Tenía el don de pasar inadvertida, casi como sino existiese. Aunque allí estaba.
Una de esas tardes teñidas de árboles secos y ocres con hojas que se suspenden en el aire momentáneamente hasta terminar su agonía en el piso, Emmily salió a dar un paseo, para despejarse de libros de estudios y demás presiones universitarias. Reposó un momento en un banco y cuando se levantó del mismo, tenía en frente a ella, casi pegado a sus labios, a Aarón. Milagros sonrió, lo alejó suave y tímidamente hacia atrás y volvió a sentarse mirándolo desde abajo. Se presentó tropezando su voz y le indicó que si siente a su lado. Puso sus manos debajo de las rodillas y descargaba sus nervios agitando sus piernas de arriba a abajo. Trato de balbucear algunas palabras, pero él la interrumpió para tranquilizarla con su cantado hablar. Casi haciéndolo apropósito le rozaba la mano, ella ceñía los hombros y orientaba su mirada hacia abajo, como si estuviese buscando algo. Resulta interesante resaltar todos estos movimientos de cortejos de un experto en el tema. Resulto victorioso, porque Emmily le pasó el número de su celular, él con una mirada pícara la observó y asintió con la cabeza, se acercó a su rostro, la besó en la mejilla, se levantó, caminó haciendo que se resquebrajen las hojas y se perdió entre los árboles. Milagros quedó un momento atónita en el lugar, suspendida en el tiempo, su cuerpo estaba allí, pero su mente no, o eso parecía. Psicótica e impetuosa desperdició una lágrima. Volvió a su hogar rápidamente, como si algo la persiguiera, tal vez era demasiado tarde, la había alcanzado, desde su nacimiento y ya no se podía hacer nada.
Unos episodios de película atormentaban a Milagros, imágenes que la vigilaban y voces que intentaban convencerla la perturbaban. La estaban enloqueciendo, aun más. En una oportunidad, un mensaje de Aarón que resonaba en el teléfono móvil de ella, la sacó de ese estado de interacción con los límites paranormales entre la cordura y la locura enajenada (alienada) de las personas actuales. Él era su salvador, o por lo menos intentaba serlo sin tener idea de esto. Emmily de una forma u otra dispuso a esta persona en su camino, podría haber sido cualquier otra, pero no, fue Aarón.
La psiquis incontrolable de Milagros estaba despertándose, la vida no es un cuento, por lo que las cosas no suelen tener un final feliz. Nunca había tenido problema alguno hasta el momento, pero al parecer los mismos se confabularon para aparecer todos juntos, exacerbados en uno solo: la mente.
Volvió a encontrase con Aarón, en la salida que habían arreglado anteriormente, pero este no la reconocía, no era la misma de la otra vez. Algo brotaba desde ella, él podía sentirlo, sin embargo, ella no. La lucha comenzaba dentro de si misma, la histeria era cada vez más grande. Emmily debería enfrentarse a su alter ego. Una demente encerrada dentro de su psiquis. No había forma de combatirla, dado que Milagros no conocía su problema o bien, su tragedia.
Al parecer, esta personalidad que subyacía en la conciencia de Emmily apareció producto de alguna tragedia que habría sufrido la niña de pequeña. Se creó un ser inadaptado al mundo, anormal, impulsivo, astuto, corrosivo, perverso, tramposo y absolutamente inteligente. Con la capacidad de aparecer y desaparecer a su gusto, dado que era una personalidad y no una persona era imposible saber cuando estaba y cuando no, ni hasta donde llegaría ni tampoco qué quería. Aarón no encontró otra forma de ayudar a Milagros que llevarla con sus padres, presentarse como pudo y explicarles lo sucedido. Unos meses después Emilly veía unos muros acolchonados, una cama blanca, una puerta gris y fría. Sus pies pendían de la cama, de a ratos era una y de a ratos otra. Veía gente solo cuando le ingresaban la medicación, la cual la calmaba, dormía, controlaba o incluso exaltaba, todo era inesperado en esta chica.
Los médicos le declararon desdoblamiento de la personalidad, o algún tipo de patología parecida, incontrolable por cierto.
De todos modos, Margoth, el alter ego de Emmilly, no tenía la culpa de haber sufrido, ni que el destino la haya colocado en ese papel monstruoso. Las personas no tenemos la culpa de las atrocidades que cometen con nosotros, no somos libres, no podemos elegir, estamos atados al pasado, muchas veces oscuro, que te lleva a cometer crímenes, a destruir a quien más querés. Margoth solo hacia lo que toda su vida le enseñaron, sufrir y hacer sufrir. No concebía la vida de otra manera. Su vida era una muerte constante. Luchar para no desaparecer era su objetivo. Estaba ganándole a Emmily, ya casi no aparecía esta última. El constante desequilibrio en el alma de la joven hizo que esta quedase en un estado de shock permanente y en un letargo desesperanzador. Solo miraba tristemente por la ventana, esperando que alguien la ayude. Apenas podía exteriorizar su amargura al ver su vida destruida. Emmily solo podía ver a través de Margoth, pero nunca llegó a entender nada. Es que nadie entendía nada, cómo de ser una chica en apariencia normal había quedado así. Sus padres al verla no hacían otra cosa más que llorar y lamentarse abrazándose entre ellos. Al poder ser peligrosa no dejaban que nadie entrara a la casi prisión en la que se encontraba. Era demasiado impredecible. De todos modos a Aarón no le importó, se las ingenió para poder escabullirse dentro del cuarto donde se hallaba la neurótica. Robo unas llaves que le permitían abrir todas las puertas, una de esas llaves maestras y una vez dentro, se acercó lentamente hacia ella, la tomó de la mano y se preguntó en voz baja por qué. Ella respondió en voz baja no saber la respuesta. Aarón dijo su nombre y la abrazó fuertemente, temblaba por la situación, pero esta vez ya no sentía a alguien más, de alguna forma la había curado. Margoth ya no existía, le habían ganado entre los dos. No volvería a molestar ni a limitarlos. Dicen que el amor puede curarlo todo.
Pasados unos meses de exámenes y pruebas, pudieron comprobar que Milagros ya estaba bien nuevamente. Le dieron el alta, y regreso con su familia a su casa. Continuó con la vida que llevaba anteriormente. Le pidió a Aarón reconstruir la escena cuando se vieron por primera vez, el no entendía para que quería hacer esto y ella le explicó que era porque ahora, de una vez por todas la historia que comenzó aquel día iba a continuar sin nadie que lo impida.
Emmily salió a dar un paseo…

Me moría emotiva

El teatro es tan infinitamente fascinante, porque es muy accidental, tanto como la vida.

Arthur Miller


La destrucción absoluta puede estar más cerca de lo que nosotros pensamos. ¿Cuánto estamos dispuestos a adentrarnos en aquello que naturalmente esta oculto? No siempre la verdad es buena, a veces las mentiras son sanadoras de males no conocidos. Vivimos de mentiras, crecemos sobre ellas, las elaboramos…

Primavera otoñal, frío cálido, alegre tristeza, y vida mórbida. Estas son las características y el perfil de un destino determinado por alguien que obviamente no puede hacer el bien.

Mía de pequeña predijo toda su vida actual, es como si hubiese tenido un sueño del futuro en el presente. De alguna manera vivió dos veces lo mismo, cuando lo soñó y luego cuando lo pasó. Belleza por demasía, juventud, buen pasar económico, padres vivos, no separados, amigos en abundancia, novio comprensivo. Si una persona tiene todo lo bueno en sus manos, al mismo tiempo tiene todo lo malo, la luz no existe sin la oscuridad, el orden no existe sin el caos, el bien sin el mal y la vida sin la muerte. Cuando el mundo estaba tranquilo, Pandora abrió su caja, lograron escaparse la vejez, las enfermedades, la fatiga, los vicios, las plagas, la tristeza, la pobreza, el crimen y lo más importante, la locura. Justo cuando iba a salir la esperanza, esta mujer cerró la caja. La mismísima Cleopatra teniendo un reino bajo su poder terminó muerta bajo sus propias manos, hasta Dios sucumbió siendo inmortal. El peso de la vida suele caer sobre nosotros, no pudiendo hacer nada, más que dejar ser aplastados.

Terminó el colegio y empezó una carrera universitaria, Psicología, tal vez eso explicaba todo. Más allá de esto hacía un taller de teatro, uno de expresión corporal y otros tantos relacionados al arte de emocionar. Esta debería de ser su verdadera vocación, ponerse frente al espejo desde siempre e inventarse historias y hacer todos los personajes simultáneamente, no lo hace cualquier persona, normal. Ella quería ser actriz, enseñar teatro, no le importaba eso que se suele decir en ese extraño mundillo sobre los actores, que cada tanto pasan periodos de inactividad con consecuentes crisis financieras, ni si quiera le importaba ser olvidada, si es que algún día llegaba a ser conocida. Ella no entendía sobre eso, solo lo pensaba, no tenía idea de lo terrible que es ser olvidado, o quedar en el olvido por siempre, o peor aun, ser devorados por el olvido.

Para Mía el teatro lo era todo, cada segundo que pasaba se intoxicaba más de esta disciplina de la cual pocos pueden salir. Actuar, ¿qué es? Es hacerse pasar por cosas que uno no es, y hacerse pasar por cosas que uno no es, habla de una persona esquizofrénica, claro está que acá lo que salva a Mía de eso es justamente, lo mismo que podría condenarla. Créete el personaje, eso le decían, le daban consejos perjudiciales para el entorno. No se daba cuenta que era lo que le estaba ocurriendo, puesto que no le sucedía nada. Con el tiempo fue perfeccionando, y adquiriendo nuevas técnicas para conmover o divertir a cualquier persona que disfrutaba del espectáculo en que participaba en ese momento.

Los padres de ella en realidad deseaban que se incline por algo que le redituara dinero, y que fuese seguro, pensaban en el bienestar de su hija, en el propio. Si bien les gustaba y enorgullecía lo que su hija lograba arriba de las tablas plagadas de fantasmas que no logran escaparse porque su vocación los aprisiona, como todo padre sus pretensiones no se correspondían con las de su hija.

Llegó el gran día, el estreno de la obra en que Mía había conseguido adquirir un protagonismo destacable, para el cual esperó una eternidad detenida en el tiempo. Cuando la seleccionaron como la más apta para llevar a cabo ese personaje, estalló en llanto, ¿cuántos sentimientos juntos se le habrán entrecruzado para provocarle eso? Nunca lo supo. A Mía solo le preocupaba una cosa, la escena final, la cual era muy complicada, porque el personaje debía desgarrarse en un lamento infinito y derramar tantas lágrimas como gotas tiene un día lluvioso. Mientras ensayaba frente a su reflejo, utilizó todos los métodos aprendidos, recordar cosas feas pasadas, el problema era ese, que había tenido una vida tan perfecta que nada le provocaba tristeza alguna. Se volcó por tratar de lograr aquel estado pedido por medio de las vivencias del personaje, pero de uno u otro modo sabía que eso no era real, entonces no podía ponerse mal por algo que no existía. En los ensayos le salía perfecto, y no sabía cómo. Decidió que como lo había hecho hasta ahora dejaría librado al azar, dejar correr la escena y resignarse a que el llanto llegue solo.

Ese magnánimo y nefasto momento se situó sobre el escenario. El final de la obra tocaba a la puerta de Mía, caía en ella toda la responsabilidad, debía lograrlo, estaba convencida que podía hacerlo. Es por ello que comenzó a retirarse en recuerdos, al mismo tiempo que todo el público observaba tenso, una tormenta de cosas que ella no recordaba haber vivido aparecieron, la enceguecieron a tal punto que los espectadores gimieron de suspenso. Una vida contraria a la vivida le sucedió en forma de imágenes por la mente, se encontraban ocultas en lo más recóndito de la memoria, guardadas en lo más profundo del alma de Mía. Recuerdos innombrables, amorales, devastadores. Todo pasó en segundos, segundos en que esas evocaciones destruyeron la mente de la joven. Se bloqueo como medida de protección a tal punto que cayó fría y triste al piso. Se cerró el telón y la gente se puso de pie para aplaudirla. Nadie sabía que eso no estaba en el libreto, salvo sus compañeros y el director. Subió esa gran cortina que siempre devela cuál es la verdad y Mía seguía tirada en el piso en un estado catatónico. Dejaron de aplaudir, casi ni respiraban… Los padres de ella subieron rápidamente al escenario llorando y pidiendo a los gritos que llamasen a alguien que los ayude. Aunque la asistencia médica llegó rápido, ya de nada sirvió. Nada se supo hasta una vez internada en la clínica. Muerte cerebral le diagnosticaron, las causas se desconocen hasta el día de hoy. Los años pasaban y Mía estaba igual, solo hacía una cosa junto con el resto de la humanidad, envejecer, pero nada más.


“Nunca pensé llegar a ser uno más de ellos , los sentía, pero dudaba sobre su existencia, ahora no solo los siento, sino que los veo y escucho, la vida acá es totalmente distinta a la conocida. Sientan los fantasmas del teatro, eso me dijeron cuando pisé por primera vez uno, a quien me lo sugirió lo miré con gracia y hasta casi con lástima, pero esos sentimientos cambiaron de inmediato cuando uno de ellos me traspasó como diciéndome acá estoy, y luego otro, y otro, eran miles. Algunos eran como yo, otros eran los personajes, que interpretaban los actores, que no se resignaban en desaparecer terminada una obra y antes de perecer se escapaban, pero quedaron atrapados por siempre aquí, junto a mi. A veces pienso en eso que recordé aquel día, nunca me atrevería a contarlo por el simple hecho de que a alguien le pase lo mismo que me pasó a mi, pero sigo preguntándome, cómo pude olvidar aquello, no lo entiendo, tampoco entiendo cómo ni por qué me hicieron eso. Solo se, ahora, que nada puedo hacer. Ya es tarde, no pude manejar la memoria emotiva”

Mía

Acuerdo de cuerdos

¿Quién dijo que lo establecido por la mayoría es lo correcto?

Ya abatida la tarde, Umma hablaba con alguien en su espacio, al que las personas suelen llamar habitación. Parecía fluir un diálogo muy complaciente, del cual no se percató, o no quiso hacerlo, la madre de ella al entrar al cuarto para avisarle que la cena estaba servida. La niña manifestó no tener ganas de comer, así que se quedó donde estaba para luego dormir, pero mientras tanto seguía charlando.
Sus padres, preocupados porque su hija murmuraba cosas con alguien que en apariencia no existía, decidieron llevarla con los profesionales pertinentes, estos no diagnosticaron ningún problema en Umma, presentaba las características generales de una persona de su edad, y con 8 años, tener un amigo imaginario es algo muy común, les comentó el especialista a los padres.
Conforme pasaba el tiempo, esta presencia volátil y casi onírica se hacía notar más a través de Umma. Casi que la obligaba a tener ciertas contestaciones o inclusive actitudes no correctas, del todo. Cómo podrían hacer estos intranquilos padres para hacerle entender a su hija que esa cosa a la cual le hablaba no existía, si casi que ellos también la sentían, por medio de ella claro está. Algo de esa presencia extraña les resultaba familiar, pero nunca terminaban de descifrar qué era, ni por qué, tal vez por eso decidieron lapidar la remota posibilidad que “eso” existiese, dejando a su hija como una loca desquiciada, sin la mínima posibilidad que esta les explicara que veía, que sentía, quién le hablaba y quién, tal vez, le cambiaría el destino.
Los padres consideraron la idea de que su hija estaba entablando una relación con un espíritu, alguna especie de fantasma diabólico, alguien que había quedado atrapado en la casa por algún motivo y no podía liberarse de su hija. Buscaron en Internet, leyeron sobre otros casos, algunos hasta abominables, temían que a ellos les pasara lo mismo con su pequeña. No dejaban de leer las palabras muerte, sangre, gritos, desesperación. En todos los testimonios leían cosas muy similares y siempre daban con la misma solución, llamar a un parapsicólogo que les explique un poco lo que estaba pasando. A esta altura los enfermos eran los padres y no Umma, tampoco es que ella pareciera algún mal ni mucho menos. Blackhart, este era el nombre, o al menos así se hacía llamar, del médium con el que se contactaron los padres de la niña. Cuando llegó a la casa, el experto en fenómenos paranormales y en relacionarse con el más allá notó algo que no lo convencía, no era la sensación de siempre, no era el mal agobiante, no eran demonios, no era nada de esas cosas habituales para él. Inspeccionó toda la casa, cada rincón de la misma, minuciosamente, por momentos quedaba congelado como si viese algo que le ocupara demasiada atención, utilizaba amuletos y objetos extraños, nunca dejaba de negar con la cabeza. Repentinamente se sentó en un lugar que encontró por ahí, los miró a los dos y les explicó que no podía decirles lo que allí había, que de eso se tenían que encargar ellos, que no podía interferir en lo que sucedería, solo ellos podían cambiarlo todo, solo les aconsejó que abrieran los ojos y que en esa acción encontrarían la solución. Comentó algo así como que en ocasiones, lo que en principio sería para ayudar, podría provocar un reverso oscuro y que por más que sea involuntario las consecuencias pueden ser terribles. Concluyó su discurso con una frase que aparentemente leyó de uno de sus libros: “La represión en la historia solo acarreó consecuencias que ni me atrevo siquiera a pronunciar” Se retiró dándoles el pésame.
Los padres de la chiquita quedaron obnubilados ante tales palabras, pensaron pero no lograron descubrir a que se refería el vidente, o lo que era ese hombre, nunca lo tuvieron muy en claro. Solo se asentaba una fuerte culpa sobre Umma, para sus progenitores ella mentía, inventaba, deliraba, mas nunca se les ocurrió pensar que decía la verdad, que realmente veía algo, que hablaba con alguien. Es que cuando solo lo ve una persona y los demás no, damos por entendido que no existe, pero por qué. Por qué no cabe la posibilidad que haya otro mundo, que haya personas que puedan ver mas allá, que puedan ver el más allá. Se los tilda de locos, maniáticos, enfermos, se los interna, medica, se los excluye y se los aísla, tal vez solo porque descubrir que el otro tiene razón podría resultar terrible, cambiaría absolutamente todo. Es más, los cuerdos pasarían a ser los locos. Las locuras quedarían en el recuerdo. Imaginemos un mundo que de un momento a otro cambia todos los criterios de normalidad, reinaría el caos. Lo aceptado ya no lo estaría. Pues fue más fácil acordar entre los cuerdos que era lo correcto, lo natural y así castigar al diferente. Increíblemente desde los tiempos inmemoriales una especie de secta oculta y tenebrosa se formaba para luego derivar en lo que actualmente conocemos cono sociedad. La sociedad que reduciría al silencio a Umma, todo por ser ciegos y no ver lo que ella sí.
Un día los padres de la niña se levantaron e intuyeron que ya no estaba, rápidamente corroboraron la sensación, era como si nunca hubiese existido, no había indicios de que la hayan raptado, la puerta estaba cerrada por dentro, nada fuera de lo común, ni corrido de lugar, ni abierto, ni forzado, ni ultrajado, nada insólito, o todo. Salieron a la calle desesperados buscándola, preguntaron a la gente que vieron por ahí, pero nadie decía nada, solo los observaban extrañados, y Umma seguía sin aparecer. Esperaron 24 horas para poder hacer la denuncia. Llegados a la comisaría, como pudieron, entre la desesperación y el asombro, le contaron a los policías que les había pasado, estos labraron un acta con las declaraciones y les dijeron que había que esperar. Ellos regresaron a la casa como pudieron, bajaron del auto y antes de ingresar a la casa la madre de la niña entro en crisis, se puso a gritar, se tiró al piso, lloraba y se lamentaba, el padre de la chiquita como pudo la levantó del piso y la ayudó para que entre a la casa. Cuando abrieron la puerta, allí estaba ella, parada, mirándolos, abrazando a otra niña, más pequeña. Esa niña más pequeña era la presencia con quien todo el tiempo se comunicó Umma. Se llamaba, Celina. Una hija muerta y olvidada de los padres de Umma. Nada les importaba ahora que tenían de nuevo con ellos a su hija. Al verla junto a su hermana la recordaron rápidamente. Luego de hablar un largo rato con ambas y regañar a Umma por escaparse de la casa y llenarlos de temor, ya que algo malo le podría haber pasado en su ausencia, salieron a caminar por el barrio para despejarse un poco. No dejaban de abrazar a sus hijas, dialogarles y elogiarlas, inclusive se sacaban fotos con ellas. Pero había un detalle, las demás personas no podían vislumbrarlas, miraban raramente a los padres felices, pues para ellos estaban locos. Esto lo notaron, y no sabían que hacer para convencer al resto que sus hijas existían, y que eran tan reales como cualquier otra persona. Cómo no iban a existir si ellos las podían ver.
Es muy fácil acordar entre los cuerdos lo que es lo normal, para luego condenar a lo “anormal”, lo difícil es retraer las terribles consecuencias que esto puede conllevar.
Los infelices necesitaron recordar las palabras de Balckhart, “La represión en la historia solo acarreó consecuencias que ni me atrevo siquiera a pronunciar” Ahora lo entendían. Los recuerdos pesan mucho para andar con ellos de un lado para el otro.
Siempre, absolutamente siempre, existe un reverso oscuro.

Vida de noche, muerte de día

Cuando se asesina la luz, solo queda vivir en las sombras y cuando parece que todo termina, en realidad, recién empieza.

De tan de noche era de día. Alma estaba acostada tratando de conciliar el sueño, en el último tiempo, el hecho de vivir en un orfanato le habría traído problemas para dormir. Tenía una extraña sensación de que las cosas no andarían bien.
Estaba a cargo de personas extrañas, que más que cuidar a los niños que vivían allí, parecían sofocarlos. Los chicos ingresaban, crecían, cumplían la mayoría de edad y eran liberados, pero ya no eran los mismos, o no eran los adultos que deberían ser.
Alma fue casi condenada por una jueza a residir en el orfanatorio, luego de que sus padres murieran en un terrible accidente. Accidente que no dejo rastros de los mismos, salvo algunos testigos que manifestaron creer haber visto lo sucedido, pero que no estaban seguros. Su madre y su padre eran su única familia, con tan solo 13 años esta niña quedó huérfana, a merced de la vida.
Pasado 5 años, Alma estaba a punto de cumplir 18. Sus ansias por estar fuera eran cada vez más grandes. Solo faltaban 3 días, quizás por eso no podía dormir, la incertidumbre por el qué vendrá se acrecentaba conforme pasaban los segundo, intentaba imaginar si su vida sería la misma, si sería más feliz, o por el contrario si le deparaba algo peor. Creyó que se le pasaría más rápido el tiempo si lo acompañaba en el jardín del orfanato, así que bajó hasta ahí. Este estaba ubicado en la parte central, rodeado de una inmensa construcción, casi se asemejaba a una vieja fortaleza, con miles de ventanas cerradas, con cortinas percudidas que apenas se animaban a moverse un poco. Ya abajo, se sentó en un de los tantos bancos y se relajó. Miró el césped, los árboles que se mecían por el viento, el cielo tímido y luego se detuvo en las grandes manchas de humedad que tenía el cemento antiguo que formaba las paredes. Notó que por un corredor caminaba alguien, pero luego lo perdió de vista, unos segundos después una voz que le erizo los pelos del cuerpo le dijo por detrás:
-Hola Alma, ya que son tus últimos días en este lugar te voy a dar algo para que no lo olvides, para que siempre te acuerdes de nosotros.
La agarró de la muñeca casi quebrándosela, y la arrastró a una especie de sótano oculto y profundo. Una vez allí la voz tomo forma de hombre en los ojos de Alma, ella reconoció quien era, antes que dijese nada la arrojó al piso desgarrándole la camisola blanca que le obligaban a usar en el orfanato, se bajó los pantalones y la ropa interior y abusó de ella. Hizo las cosas más aberrantes que alguien puede hacerle a una persona. Se puso sobre ella y la penetró una y otra vez enérgicamente, lastimándola cada vez que lo hacía. Alma tensionada y asustada solo lloraba y jadeaba de dolor, vergüenza, impotencia y casi por placer. El hombre una vez terminado el ultraje se volvió a vestir, se acomodó la ropa, amenazó de muerte a Alma si contaba lo que había pasado y se retiró dejándola tirada en el piso ensangrentada y en un estado de shock. Ella solo temblaba.
Solo el piso de tierra seca y resquebrajada sería testigo de lo que en el sótano había sucedido, los gritos de desesperación quedarían resonando hasta años después sin que nadie nunca los escuche ni se entere de lo ocurrido. Al parecer estaba destinada a ser un alma en pena. Luego, cuando logró tranquilizarse, salio rápidamente del sótano, como si eso hiciese que se borrase lo sucedido. Ya era de noche, cruzó todo el jardín, se dirigió a una escalera que daba al corredor en donde estaba su habitación, ingreso a ella y simplemente espero tratando de dormir, aunque no lo logró, por ello miro atentamente un crucifijo que estaba ubicado en una de las paredes entristecidas y se puso a rezar. Eso no solucionó nada, solo hizo que entre en pánico, sienta frío a tal punto que el mismísimo tiempo se congeló.
Sin saber cómo, el día de partida de ese lugar amenazador había llegado. Alma sin percatarse gestaba la destrucción de su propia vida, aunque ella creía que amanecían tiempos felices. Ya fuera, solo se dirigió a la casa que había heredado de sus padres. Al ingresar a la misma varios sentimientos se encontraron, desde la más remota felicidad hasta la más actual tristeza, miles de imágenes se le vinieron a la mente, la aturdían, la hacían reír y llorar al mismo tiempo, la estaban enloqueciendo lentamente. Dejó las pocas pertenencias que trajo del orfanato en el vestíbulo de la casa y subió a lo que años atrás fue su acogedor dormitorio, se lanzó a la cama y recordó cada olor de cada rincón de las épocas pasadas, de las épocas vividas, de las épocas que nunca regresarían. Al cabo de un puñado de días comenzó a sentir mareos, nauseas, antojos, esto sumado a la ausencia de menstruación hizo que recurriera a hacerse un test de embarazo. Para su desgracia, Alma confirmó lo que se convertiría en un futuro en el infierno absoluto, estaba embarazada, producto de una violación, maldijo el momento en que decidió sentarse en el parque del orfanatorio. Intento pensar una solución pero no pudo, desde suicidarse, hasta ir a asesinar a la maldita voz que le había causado tanto daño. Sus ojos estallaron de melancolía, el llanto era inevitable, estaba totalmente bloqueada, yacía en medio del baño sentada, tomándose de las rodillas, balanceándose y repitiendo una y otra vez por qué. Miró hacia muy adentro suyo y logró hacer una película de su vida, desde aquel trágico e injusto accidente que se llevó a sus padres hasta la respiración corrompida del abusador. Así pasaron 9 meses. Cuando despertó y reaccionó de esa condición en la que se hallaba, se vio con un varoncito en brazos que la miraba y le pedía disculpas por lo que había hecho su padre. Alma lo nombró Lucio. La tristeza de ella se traslado al ambiente, se condensó y se precipitó en forma de lluvia, no sabia como seguir, de alguna manera deseaba volver al orfelinato, aunque sus días allí no habían sido tan buenos tampoco. Sus jornadas se transformaron en noches absolutas, Alma se había hundido en la penumbra, la melancolía la carcomía por dentro, los únicos resabios de posible felicidad se los había llevado aparentemente el nacimiento de Lucio. Condena a la amargura infinita empezaban a formarse en la cabeza de la condenada algunas posibles soluciones, o lo que ella entendía como solución. Aunque los días estaban llenos de sol y felicidad, sus ojos reflejaban todo lo contrario, oscuridad y miseria, casi como un espejo que no quiere ver.
Solo pasaban los meses y el niño crecía cada vez más, era la paradoja más grande que una persona puede vivir. El nombre de su hijo se remonta a un pasado muy remoto, en el cual una monja del orfanato, a la que adoraba Alma, le había contado una historia, la misma quedaría grababa de por vida y marcaría a su oyente:
“…fue así como logró apartar el caos, destruir definitivamente las tinieblas y encendió la felicidad de todos los allí presentes, solo utilizo un poderoso resplandor que emanaba de su esencia, es por ello que lo llamaron Lucio…”
Llegado un determinado día, Alma no soportó más nada de lo que le estaba pasando, ni bien despertó, bajo de la cama, caminó paso a paso hasta llegar a donde se encontraba el hijo del violador, lo miró fijamente, cerró los ojos, tomo muy fuerte del cuello a Lucio y apretó tan fuerte que en minutos éste dejo de respirar y se torno de un color violáceo. Había sido tal la fuerza que aplicó al estrangularlo que el bebe ni siquiera pudo quejarse. Luego del crimen, se dirigió rumbo a la justicia a entregarse, llevaba arrastrando de un brazo al niño. Cuando entró al departamento de policías todos se horrorizaron. Una vez frente a la jueza la misma determinó que Alma viva de por vida en un sanatorio mental.
La vida, no contenta con haber tenido encerrada a Alma en un orfelinato durante varios años, ahora la destinó a una institución de salud psicológica.
Ya en su cuarto, y recién en ese momento Alma volvió a abrir los ojos. Sentada sobre la cama, se tomó de las rodillas y se meció una y otra vez.
Una sonrisa implícita subyacía en el rostro de Alma…

Seducir Así

En ocasiones, las respuestas no están dadas directamente, hay que lograr pensar un poco más allá, entender el mundo como la otra persona, dejarse llevar por los razonamientos ajenos o bien cambiar de ubicación un par de letras...

Samantha era una adolescente extraña, poco sociable, con una infancia solitaria y subestimada, una belleza avasalladora, ojos que decían más que sus propias palabras, una extraña afición por los anagramas, actitudes que a cualquier persona le serian repulsivas. Quienes la conocían aseguraban que al mirarla fijamente se podía sentir como se perdía en un mundo totalmente maquiavélico y retorcido, un mundo al que nadie desearía ingresar, el cual nadie sería capaz siquiera de mencionar, un mundo sombrío…
Una noche cálida, húmeda, imperturbable y lluviosa Samantha invitó a sus amigas, Mara y Tristana a quedarse a dormir a su casa, mirar una película y por qué no hablar, de lo que a unas adolescentes de 17 años más les interesa, los chicos, después de todo era viernes y les quedaba por delante un largo y placentero fin de semana. La película a mirar era “Decisiones equivocadas”, lo curioso es que la misma la escogió a Samantha para ser mirada, o por lo menos eso es lo que ella le manifestó a sus amigas.
Tal vez la película no fue la adecuada, es viable pensar que la misma haría que esos sucesos aterradores surjan, broten los pensamientos más oscuros de las personas y desencadenen la tristeza innata de los seres humanos y los sucesos más terroríficos que los mismos puedan cometer.
Las tres acostadas en la cama de una plaza y media de la habitación de Samantha, del lado de los pies, observaban casi de manera enfermiza la película. Fruncían el ceño, entrecerraban los ojos, apretaban los puños, se miraban con asombro e incluso alcanzaron a susurrar angustia. El largometraje narraba una historia extraña, era una trasgresión de los parámetros normales de una ficción, casi que parecía salirse del plasma e invadir lentamente el dormitorio, infectarlo, hacerse realidad…
En un momento, Samanta corrió la vista del televisor y se quedo obnubilada mirando la ventana, o más allá de ella, quién sabe. El agua caía del cielo, impactaba contra el vidrio y se deslizaba lentamente hacia abajo dibujando caminos sinuosos, zigzagueantes, entremezclados, y cortos, sobre todo, cortos. Una lágrima inquieta nació del ojo de Samantha y murió en su mano. Una amiga le preguntó que le ocurría y ella secándose la gota se escudo diciendo que había bajado la temperatura y le dio alergia, por lo que se levantó a tomar un sweater y ponérselo, siguió mirando su destino.
Al otro día, al levantarse, la amiga no conforme con la respuesta de Samantha, le comentó que cuando la miró sus ojos no reflejaban nada, como si estuviesen muertos o cerrados, a lo que Samantha hizo caso omiso pero no así esa acotación dejo flotando en la conciencia de ella la idea de final, de ausencia de vida, de muerte. Todo continuó muy normal, bajaron a desayunar y la empleada de la casa les tenía todo preparado.
Los padres de Samantha siempre estaban muy preocupados por cosas más importantes, el papá por mantener en pie su empresa, cambiar su coche cada mes y mejorar en el golf y la madre por gastar dinero en ropa, cosméticos, tratamientos innecesarios, costosos e inútiles. Para la familia la joven era un desatino del pasado, marcado en el presente. No la tenían en cuenta, nunca en sus miserables vidas asistieron a los actos ni a las reuniones escolares, para el cumpleaños solo le obsequiaban algo a modo de ostentarle a sus vecinos su poder adquisitivo, no conocían los gustos de su hija, ni sus necesidades, la criaron en una cuna de dinero y desamor absoluto. Tenía todo, y a su vez nada. Superando todo esto Samantha llego a su actual edad destruida sentimentalmente, pero con dos amigas, las que se encontraban desayunando con ella. Al terminar de hacerlo, casi sin consultarse mutuamente, decidieron salir de Shopping, a uno cercano, de todos modos la distancia no importaba, porque las llevaba el chofer de la familia. Luego de producirse y estar prácticamente saliendo Samantha tuvo un brote de contradicción por lo que resolvió no ir, insistió en que Mara y Tristana fueran sin ella y subió a su dormitorio sin percatar que sus amigas se habían quedado a su lado. Una vez arriba, se tiro en su cama, rodeada de un paisaje penumbroso, con una prolijidad casi mortal, una muñeca vestida de negro al lado de la computadora que la miraba como queriéndole decir algo y un denso aire se quedó contemplando el techo de su habitación pintado de un color extraño, tomó un cuaderno en que el solía escribir y desahogó sus penas más profundas, o por lo menos eso intentó. A veces se cuestionaba las más intrincadas e indescifrables preguntas, como por qué los padres decidieron tenerla sino la iban a querer, si la iban a pasar por alto, se le iban a pulverizar el alma, haciéndola crecer inmersa en la desesperanza, la angustia, el dolor, la soledad, el recelo, el odio, en una inestabilidad emocional que empezaría a trazar las líneas de un futuro evidente. Llorar desconsoladamente ya no solucionaba las cosas, ya no producía sosiego, solo enfatizaba el padecimiento insoslayable de un alma casi en pena. En una oportunidad Samantha alcanzó a escribir en su cuaderno titulado Las penas de un alma, casi sin pensarlo, que había nacido físicamente y que se había muerto de espíritu, dado que el mismo sabía de este presente que en ese momento era futuro y decidió perecer. Era tal la dolencia que cuando se miraba al espejo el mismo no la reflejaba, sino que mostraba la silueta apagada de lo que antes era una persona. Pasado un tiempo el estado deplorable de la joven había empeorado a tal punto que empezaba a oír voces frías y tensas que venían de un entorno cercano y conocido que la tentaban a cometer los actos más escabrosos que un ser humano pudiese llevar a cabo, como asesinar a sus padres. Ella ahora no solo debía luchar contra su vida sino también contra estos susurros malintencionados que intentaban empujarla en la perdición absoluta. La mente de Samantha era una turbulencia esquizofrénica que la tenía tendida en la cama, ella yacía inmóvil sobre la misma, empezaba a sentir frío, como si la parca la tomase de la mano y la invitara a recorrer el camino de la solución definitiva a su problema, la muerte.
Samantha despertó del letargo, se había quedado dormida, no sabía que había sido un sueño y que era realidad, pero no tardó en descifrarlo al ver sentada en el final de la cama a una niña sonriente y feliz que la miraba fijamente, fue en ese instante en el que comprendió que sus más profundos deseos se reflejaban creando la imagen de lo que nunca fue ni sería: una persona alegre. Se incorporó lentamente de la cama, como tratando de hacer que el tiempo no pase, recorrió la inmensa casa, se dirigió a la habitación de los padres, los miro casi eternamente mientras buscaba el revolver que sabía tenía su padre escondido y volvió a su dormitorio, le cubrió la cara a la muñeca que siempre la observaba como queriéndole decir algo, dejo caer una lagrima y antes que cayera otro se pegó un tiro en la sien, justo en ese instante sus amigas Mara y Tristana se fueron para siempre. Los padres sobresaltados acudieron corriendo al cuarto de su hija, la madre al verla bañada en sangre sobre la cama, le tomo la mano al padre y preguntó en voz alta: ¿qué dirán los vecinos? Bajaron, quién sabe a qué…
Una brisa suave que ingresó por la ventana corrió apropósito unas hojas del cuaderno abierto, manchado con sangre y dejó ver algo que había escrito Samantha seguramente antes y en una especie de código solo descifrable para quienes la conocimos, en la que explicaba que la única solución que encontró para terminar con su inmortal sufrimiento fue SEDUCIR ASÍ

Sensación

Justo cuando la alcancé, la vida se la llevó, su alma se alejaba de la mía…


Cuando una persona nace, otra muere, cuando una persona crece, otra envejece, cuando una persona gana, otra pierde, cuando una persona ama, otra sufre, cuando una persona toma una elección puede marcar el devenir de la vida…

Terminada la secundaria los potenciales universitarios tenían por delante 3 meses de vacaciones, unos futuros inciertos y pasados que los condenaban.

Zoe, Violet, Amanda, Evan y Eric se conocían desde muy pequeños, pasaron muchos momentos juntos, nada más ni nada menos que 14 años, en los cuales hubo idas y vueltas, encuentros y desencuentros, amores y desamores, alegrías y tristezas, no podían dejar pasar la oportunidad, tal vez la última oportunidad de estar juntos, por ello planearon unas vacaciones, decidieron ir a la playa. Ya no sabían si se volverían a ver. Nuevos rumbos los acechaban. El futuro esperaba ansioso a poder actuar, pero irónicamente el futuro nunca llega, porque cuando llega, es simplemente presente, entonces, en este caso, el presente era el futuro, y el presente inevitablemente pasa, y es pasado, es por ello que siempre se vive en el pasado…

Conozcámoslos:

-Zoe, era una chica alta, rubia, ojos claros, del color del agua, linda por naturaleza, inteligente, suelta, espontánea, dulce, elocuente, carismática, su voz era un susurro del viento, su presencia daba paz…

-Violet, es la típica chica popular del colegio, la que usa ropa de marca, la que siempre esta a la moda, la que llama la atención, la que sale con los chicos lindos, la que solo le importa lo estético.

-Amanda, es una chica oscura, sombría, malévola, malintencionada, ama u odia, envidiosa, misteriosa, por lo general viste con ropas oscuras y holgadas, sonríe poco.

-Evan, es un chico simpático, bien parecido, sencillo, profundo, risueño, observador, espontáneo, el amigo del grupo que los hace reír.

-Eric, era un chico castaño, ojos grises, esbelto, galante, engreído, egocéntrico, fanfarrón, machista, mujeriego, de familia adinerada, con auto propio.

Se conocieron prácticamente todos iguales, cuando alguien es pequeño por lo general comparte características similares con el resto de los niños, pero a medida que crece aparece la personalidad, una construcción individual de cada uno. Así es como se fueron redescubriendo a si mismos y a los otros. Luego de aceptarse mutuamente entablaron una profunda relación, se hicieron buenos amigos. Siempre estaban juntos, a pesar de ser tan distintos, era raro, tan diferentes y sin embargo algo o alguien los había juntado, estaba marcado que se tenían que conocer, que tenían que ser amigos, que sus caminos se tenían que cruzar en un punto, la escuela, o tal vez, su nacimiento.

En su adolescencia aparecieron sensaciones hasta ese entonces desconocidas, Zoe y Eric se juntaron, se pusieron de novios, era todo perfecto para ellos, más para ella que para él. Zoe seguramente sentía mariposas en su estomago, la vida se le teñía de rosa, las sonrisas se le dibujaban solas al nombrar a su amado Eric. Sus vidas iban bien, eran prácticamente perfectas, ¿lo seguirían siendo por siempre?

No nos olvidemos que lo peor de vivir, es tener que, indefectiblemente, algún día, morir…

Un día lluvioso, a horas de la madrugada, partieron todos en el auto de Eric, rumbo a la brillosa arena de la costa. Llevaban una gran cantidad de bebidas alcohólicas, pisaban el límite que cruza al otro lado, a la ilegalidad. Iban excedidos en la velocidad permitida, prácticamente borrachos, por lo que llegaron mucho antes de lo planeado. Es increíble como, al tratarse de adolescentes, no valoran la vida, y de echo no solo la menosprecian sino que también atentan contra ellas, con todo tipo de sustancias tóxicas para el organismo.

Al llegar a la casa de verano de los tíos de Eric, bajaron los bolsos, comieron algo, descansaron un poco, unas escasas horas. Se les paso así el día, un viaje divertido y agobiante, y una noche tranquila, serena, calma. Como no tenían ganas de salir a bailar, pero tampoco querían quedarse encerrados, decidieron ir a la playa. Una vez allí armaron una especie de fogón con una linterna, sentados bajo la luna llena e inmersos en el viento calmo recordaron viejos tiempos, los más lejanos, y los más inmediatos. Se rieron, se alegraron, lloraron, y se pusieron melancólicos. Se creó un clima de película. Estaban casi en una plena oscuridad, acompañados de los acordes de la brisa del viento y el sonar de las olas que rompían en la orilla. De pronto se hizo un silenció tal que permitió que fluya el siguiente dialogo:

-Ellas si que viven poco- (exclamó Zoe refiriéndose a las olas)

-Que filosófica estas- (ironizó Amanda)

-Las olas no tienen vida (acotó Evan inocentemente)

-¿Y vos qué sabes? (dijo Eric como defendiendo a su novia)

-Dejen de discutir por unas simples olas y hablemos de lo hermosa que soy (dijo Violet presumiendo, bromeando e intentando apaciguar las aguas)

Así todos dejaron de lado el tema y comenzaron a burlar a Violet por lo engreída que era. De este modo pasaron el rato.

Hay que destacar que la sencilla e ingenua deducción de Zoe era cierta, Las olas nacen, crecen y a los pocos segundos no son nada, desaparecen, así sin más, mueren. No dejan rastro alguno, solo un poco de espuma, que se acumula en la orilla y la sensación de que nunca existieron.

Tras esa noche playera, regresaron a la casa, que había sido prestada por el tío de Eric, y planificaron qué hacer la madrugada siguiente. No era muy difícil poder adivinar que querrían, salir a bailar, tomar tragos, conocer gente y por qué no tener una noche de lujuria. Después de todo existe el sexo casual.

Llegado el momento, todos se bañaron, se cambiaron, los chicos se quejaban porque las mujeres no salían del baño. Ellos preparados hace horas y ellas todavía tenían por delante el secador de pelo, la planchita, buclera, buscar ropa adecuada, que no las haga gordas ni esqueléticas, ni feas ni destaque algún defecto que pudiesen llegar a tener.

Todos son seres humanos, la naturaleza dotó de características generales similares tanto al hombre, como a la mujer, Pero son tan distintos, tienen prioridades tan diferentes. El tiempo que dedican a cambiarse, a producirse para salir a bailar, es tan distante uno del otro. Para ambos pasa, envejece al mundo minuto a minuto, se va, rápido o despacio, el tiempo es objetivo o subjetivo dependiendo de quién lo sienta. Pero siempre pasa, es inevitable. No deja rastro alguno, solo el movimiento de las agujas del reloj y la sensación de que nunca existió.

Cuando entre todos acordaron estar listos, partieron a bailar, buscaron un buen lugar y entraron. Una vez allí bailaron, tomaron, se divirtieron. Las chicas fueron al baño juntas, como es de costumbre en la cultura femenina, Evan y Eric se quedaron solos moviendo las caderas al ritmo de la música. Pasaron unos minutos, ellas no regresaban, en el momento que Eric le comenta a Evan que tardaban mucho, lo roza una mujer, muy atractiva y sensual, tuvieron una mirada cómplice, la chica sonrió y se acercó sigilosamente a él, percibieron mutuamente el aroma de la excitación, y se besaron apasionadamente, en medio de todos, bajo el riesgo de ser descubiertos, Evan quedó sorprendido mirando la situación. Las chicas salieron del baño y se dirigieron a donde estaban ellos. En un momento Amanda se detiene, frena a las chicas y le pregunta a Zoe:

-¿Ese no es Eric?- (con una mueca que destilaba algo de villana de cine)

-No… (llega a decir Violet, antes que la interrumpa Zoe)

-Sí, es él (respondió hundiéndose en un dejo de tristeza)

Zoe quedó obnubilada, en medio de la muchedumbre de gente, mirando la situación sin que Eric se percatara, en ese momento una lágrima se desprendió de uno de sus ojos, de desplazó por su mejilla y terminó muriendo en los labios de ella. Marcando un principio y un fin. Un hito en la vida de Zoe, que imprimiría un antes y un después. Un bombardeo de infidelidad declarada a su corazón, su mundo se hizo trizas en segundos, una imagen se le vino a la mente, una sola, la única imagen que le aparece a una persona que vivió lo que ella… Se repuso y le pidió a las chicas que no dijeran nada, que ella sabía que hacer. Ella o el destino, siempre alguien se encarga de aquello que no somos capaces de entender. La vida misma es indescifrable. Para poder vivir hay que, algún día, morir.

Volvieron hacia ellos como si nada hubiese pasado, terminada la velada, salieron del boliche, volvieron a dormir a la casa. Agobiados por el cansancio, no se detuvieron ni en descambiarse. Solo quedaba por delante una madrugada para disfrutar.

Violet, Eric, Evan y Amanda se levantaron más temprano que Zoe, al parecer ella por llorar no había logrado conciliar el sueño. A Eric le pareció extraño que su novia siguiese durmiendo, por eso preguntó:

-¿Se sentía mal? (dijo casi desinteresadamente y como obligado)

-No (respondió Violet y antes que siguiera explicando la verdad la interrumpió Eric)

-Ya se, se quedó sacándose el maquillaje (aseguró)

Violet recordó que Zoe le pidió que no contase lo que habían visto y por eso asintió con la cabeza y lo acompaño con un sí.

Zoe despertó tras dos horas, estaba sola en la casa, los chicos habían ido a comprar para almorzar, percató una nota sobre una mesa que decía: “Fuimos al súper. No me extrañes, te amo. Eric”, en ese momento se le vinieron recuerdos de su padres a la mente, habían muerto en un trágico accidente, en el cual solo se salvó ella, casi como de milagro. Tenia apenas unos 7 años, y recordaba aún las últimas palabras de sus padres: “No nos extrañes hija, siempre te vamos a querer y cuidar”. Tan pequeña y sola en el mundo. La muerte le había pasado cerca. La muerte llega, golpea la puerta y pasa. No deja rastro alguno, sola los cuerpos fríos pudriéndose lentamente, y la sensación de que nunca existieron.

Rompió el papel que su novio le había dejado y se dirigió al baño, se miró al espejo, estaba tan mal que casi ni se reflejaba. La miserable imagen que devolvía era la de una mujer con el rimel corrido, los ojos hinchados, la mirada que oscilaba entre la amargura y la locura. Se lavó la cara con abundante agua fría, se peinó y simplemente esperó.

Llegaron los otros y la saludaron, pusieron la mesa, prepararon la comida y “almorzaron” como a las cinco de la tarde.

Como la habían pasado muy bien, decidieron volver al boliche de la noche anterior. Terminaron de comer, empezaron a prepararse para salir. Esta vez ocurrió algo extraño: Zoe fue la primera en estar lista, la siguieron los chicos y finalmente Violet y Amanda. Zoe sugirió:

-¿Si antes caminamos un rato por la playa? La otra vez, la primera madrugada la pasamos muy bien y no quiero irme sin despedirme del mar. Tal vez nunca regrese…

Como a todos les pareció razonable la idea, rumbo al boliche en el auto de Eric, se detuvieron y se bajaron en la entrada de un balneario. Entraron caminando, continuaron sin un rumbo definido y en un momento Zoe dijo:

-Chicos sigan, ya los alcanzo (con la voz como cerrada)

Caminaron como unos ciento cincuenta metros más, sumergiéndose en la penumbra lejana de la playa, cuando Eric miró una estrella que brillaba curiosamente, exclamó:

-¿¡Zoe!?

Vio hacia atrás, pero como estaba muy oscuro no la encontraba entre la ausencia de luz. Solo divisó una especie de sombra que caminaba en dirección al mar. Decidió ir a buscarla y cuando llegó a donde estaba se encontró con algo que nadie esperaría encontrarse, algo para lo cual nadie está preparado.

Zoe yacía muerta en la arena húmeda con un papel en la mano, no había nadie alrededor, solo unas pisadas que culminaban en la orilla del mar, allí donde las olas morían. Ella había resuelto morir, su alma se desprendió de su cuerpo y caminó hacia el mar. Eric se agachó a recoger el papel, tomó de la mano a Zoe, leyó el escrito, este decía: “No me olvides”.

Se hundió en un mar de lágrimas, no sabía que había pasado, nada cerraba, todo era tan confuso y raro. En un momento pareció ver a través de los ojos de Zoe. Se veía a él mismo besando a la rubia de la noche anterior, podía sentir una lágrima cayendo por su rostro. En ese momento la brisa del viento dejó de correr, las olas dejaron de romper, una neblina apareció de la nada y lo rodeó. Él necesito creer que era ella que lo abrazaba y le susurraba al oído: Te perdono. Eric le soltó la mano y caminó lentamente al agua, terminó por desaparecer en el mar, entre las olas que volvieron a romper.

Para Zoe, Eric nunca la amó. Él se había olvidado de todos los momentos vividos, de las cosas lindas que se decían, de sus salidas, de las cartas que se mandaban, de los mails, de sus planificaciones para formar una familia, de los nombres pensados para sus hijos y sobre todo, del amor. El amor que no deja rastro alguno, solo corazones heridos, sangrantes, almas en pena, llantos eternos, fuegos que ardieron apagados y la sensación de que nunca existió.