jueves, 1 de abril de 2010

Aunque no lo quieran, allí estaré

Cuando me veo al espejo, no me veo reflejada a mi…
Emmily

Conocer a los demás es parte de la vida, podemos decir que vivimos para conocer y darnos a conocer. No podríamos relacionarnos con otros sino los conoceríamos. Sería difícil la vida así. Nos desarrollamos en base a relaciones interpersonales, nos socializamos. Formamos nuestro carácter de esta manera, con ayuda del bagaje primario y primordial con el que nacemos. Ahora, ¿cómo serían las cosas sino conociéramos al otro? Absolutamente complicado. No conocer al otro es peligroso. Y más peligroso es aún, si el otro es uno mismo.
Emmily era como la llamaban sus seres queridos, nació como Milagros algún día atrás hace 19 años. Hija de una familia normal, sin aparentes condicionamientos genéticos y una belleza de diosa griega. Poseía una sonrisa cautivadora, como pocas sabía manejar a los hombres con una mirada, aunque tímida, ella lo podía todo. Infinitamente alta y escultural, a pesar de esto cuando salía a caminar pocos se percataban de su existencia. Tenía el don de pasar inadvertida, casi como sino existiese. Aunque allí estaba.
Una de esas tardes teñidas de árboles secos y ocres con hojas que se suspenden en el aire momentáneamente hasta terminar su agonía en el piso, Emmily salió a dar un paseo, para despejarse de libros de estudios y demás presiones universitarias. Reposó un momento en un banco y cuando se levantó del mismo, tenía en frente a ella, casi pegado a sus labios, a Aarón. Milagros sonrió, lo alejó suave y tímidamente hacia atrás y volvió a sentarse mirándolo desde abajo. Se presentó tropezando su voz y le indicó que si siente a su lado. Puso sus manos debajo de las rodillas y descargaba sus nervios agitando sus piernas de arriba a abajo. Trato de balbucear algunas palabras, pero él la interrumpió para tranquilizarla con su cantado hablar. Casi haciéndolo apropósito le rozaba la mano, ella ceñía los hombros y orientaba su mirada hacia abajo, como si estuviese buscando algo. Resulta interesante resaltar todos estos movimientos de cortejos de un experto en el tema. Resulto victorioso, porque Emmily le pasó el número de su celular, él con una mirada pícara la observó y asintió con la cabeza, se acercó a su rostro, la besó en la mejilla, se levantó, caminó haciendo que se resquebrajen las hojas y se perdió entre los árboles. Milagros quedó un momento atónita en el lugar, suspendida en el tiempo, su cuerpo estaba allí, pero su mente no, o eso parecía. Psicótica e impetuosa desperdició una lágrima. Volvió a su hogar rápidamente, como si algo la persiguiera, tal vez era demasiado tarde, la había alcanzado, desde su nacimiento y ya no se podía hacer nada.
Unos episodios de película atormentaban a Milagros, imágenes que la vigilaban y voces que intentaban convencerla la perturbaban. La estaban enloqueciendo, aun más. En una oportunidad, un mensaje de Aarón que resonaba en el teléfono móvil de ella, la sacó de ese estado de interacción con los límites paranormales entre la cordura y la locura enajenada (alienada) de las personas actuales. Él era su salvador, o por lo menos intentaba serlo sin tener idea de esto. Emmily de una forma u otra dispuso a esta persona en su camino, podría haber sido cualquier otra, pero no, fue Aarón.
La psiquis incontrolable de Milagros estaba despertándose, la vida no es un cuento, por lo que las cosas no suelen tener un final feliz. Nunca había tenido problema alguno hasta el momento, pero al parecer los mismos se confabularon para aparecer todos juntos, exacerbados en uno solo: la mente.
Volvió a encontrase con Aarón, en la salida que habían arreglado anteriormente, pero este no la reconocía, no era la misma de la otra vez. Algo brotaba desde ella, él podía sentirlo, sin embargo, ella no. La lucha comenzaba dentro de si misma, la histeria era cada vez más grande. Emmily debería enfrentarse a su alter ego. Una demente encerrada dentro de su psiquis. No había forma de combatirla, dado que Milagros no conocía su problema o bien, su tragedia.
Al parecer, esta personalidad que subyacía en la conciencia de Emmily apareció producto de alguna tragedia que habría sufrido la niña de pequeña. Se creó un ser inadaptado al mundo, anormal, impulsivo, astuto, corrosivo, perverso, tramposo y absolutamente inteligente. Con la capacidad de aparecer y desaparecer a su gusto, dado que era una personalidad y no una persona era imposible saber cuando estaba y cuando no, ni hasta donde llegaría ni tampoco qué quería. Aarón no encontró otra forma de ayudar a Milagros que llevarla con sus padres, presentarse como pudo y explicarles lo sucedido. Unos meses después Emilly veía unos muros acolchonados, una cama blanca, una puerta gris y fría. Sus pies pendían de la cama, de a ratos era una y de a ratos otra. Veía gente solo cuando le ingresaban la medicación, la cual la calmaba, dormía, controlaba o incluso exaltaba, todo era inesperado en esta chica.
Los médicos le declararon desdoblamiento de la personalidad, o algún tipo de patología parecida, incontrolable por cierto.
De todos modos, Margoth, el alter ego de Emmilly, no tenía la culpa de haber sufrido, ni que el destino la haya colocado en ese papel monstruoso. Las personas no tenemos la culpa de las atrocidades que cometen con nosotros, no somos libres, no podemos elegir, estamos atados al pasado, muchas veces oscuro, que te lleva a cometer crímenes, a destruir a quien más querés. Margoth solo hacia lo que toda su vida le enseñaron, sufrir y hacer sufrir. No concebía la vida de otra manera. Su vida era una muerte constante. Luchar para no desaparecer era su objetivo. Estaba ganándole a Emmily, ya casi no aparecía esta última. El constante desequilibrio en el alma de la joven hizo que esta quedase en un estado de shock permanente y en un letargo desesperanzador. Solo miraba tristemente por la ventana, esperando que alguien la ayude. Apenas podía exteriorizar su amargura al ver su vida destruida. Emmily solo podía ver a través de Margoth, pero nunca llegó a entender nada. Es que nadie entendía nada, cómo de ser una chica en apariencia normal había quedado así. Sus padres al verla no hacían otra cosa más que llorar y lamentarse abrazándose entre ellos. Al poder ser peligrosa no dejaban que nadie entrara a la casi prisión en la que se encontraba. Era demasiado impredecible. De todos modos a Aarón no le importó, se las ingenió para poder escabullirse dentro del cuarto donde se hallaba la neurótica. Robo unas llaves que le permitían abrir todas las puertas, una de esas llaves maestras y una vez dentro, se acercó lentamente hacia ella, la tomó de la mano y se preguntó en voz baja por qué. Ella respondió en voz baja no saber la respuesta. Aarón dijo su nombre y la abrazó fuertemente, temblaba por la situación, pero esta vez ya no sentía a alguien más, de alguna forma la había curado. Margoth ya no existía, le habían ganado entre los dos. No volvería a molestar ni a limitarlos. Dicen que el amor puede curarlo todo.
Pasados unos meses de exámenes y pruebas, pudieron comprobar que Milagros ya estaba bien nuevamente. Le dieron el alta, y regreso con su familia a su casa. Continuó con la vida que llevaba anteriormente. Le pidió a Aarón reconstruir la escena cuando se vieron por primera vez, el no entendía para que quería hacer esto y ella le explicó que era porque ahora, de una vez por todas la historia que comenzó aquel día iba a continuar sin nadie que lo impida.
Emmily salió a dar un paseo…

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