Justo cuando la alcancé, la vida se la llevó, su alma se alejaba de la mía…
Cuando una persona nace, otra muere, cuando una persona crece, otra envejece, cuando una persona gana, otra pierde, cuando una persona ama, otra sufre, cuando una persona toma una elección puede marcar el devenir de la vida…
Terminada la secundaria los potenciales universitarios tenían por delante 3 meses de vacaciones, unos futuros inciertos y pasados que los condenaban.
Zoe, Violet, Amanda, Evan y Eric se conocían desde muy pequeños, pasaron muchos momentos juntos, nada más ni nada menos que 14 años, en los cuales hubo idas y vueltas, encuentros y desencuentros, amores y desamores, alegrías y tristezas, no podían dejar pasar la oportunidad, tal vez la última oportunidad de estar juntos, por ello planearon unas vacaciones, decidieron ir a la playa. Ya no sabían si se volverían a ver. Nuevos rumbos los acechaban. El futuro esperaba ansioso a poder actuar, pero irónicamente el futuro nunca llega, porque cuando llega, es simplemente presente, entonces, en este caso, el presente era el futuro, y el presente inevitablemente pasa, y es pasado, es por ello que siempre se vive en el pasado…
Conozcámoslos:
-Zoe, era una chica alta, rubia, ojos claros, del color del agua, linda por naturaleza, inteligente, suelta, espontánea, dulce, elocuente, carismática, su voz era un susurro del viento, su presencia daba paz…
-Violet, es la típica chica popular del colegio, la que usa ropa de marca, la que siempre esta a la moda, la que llama la atención, la que sale con los chicos lindos, la que solo le importa lo estético.
-Amanda, es una chica oscura, sombría, malévola, malintencionada, ama u odia, envidiosa, misteriosa, por lo general viste con ropas oscuras y holgadas, sonríe poco.
-Evan, es un chico simpático, bien parecido, sencillo, profundo, risueño, observador, espontáneo, el amigo del grupo que los hace reír.
-Eric, era un chico castaño, ojos grises, esbelto, galante, engreído, egocéntrico, fanfarrón, machista, mujeriego, de familia adinerada, con auto propio.
Se conocieron prácticamente todos iguales, cuando alguien es pequeño por lo general comparte características similares con el resto de los niños, pero a medida que crece aparece la personalidad, una construcción individual de cada uno. Así es como se fueron redescubriendo a si mismos y a los otros. Luego de aceptarse mutuamente entablaron una profunda relación, se hicieron buenos amigos. Siempre estaban juntos, a pesar de ser tan distintos, era raro, tan diferentes y sin embargo algo o alguien los había juntado, estaba marcado que se tenían que conocer, que tenían que ser amigos, que sus caminos se tenían que cruzar en un punto, la escuela, o tal vez, su nacimiento.
En su adolescencia aparecieron sensaciones hasta ese entonces desconocidas, Zoe y Eric se juntaron, se pusieron de novios, era todo perfecto para ellos, más para ella que para él. Zoe seguramente sentía mariposas en su estomago, la vida se le teñía de rosa, las sonrisas se le dibujaban solas al nombrar a su amado Eric. Sus vidas iban bien, eran prácticamente perfectas, ¿lo seguirían siendo por siempre?
No nos olvidemos que lo peor de vivir, es tener que, indefectiblemente, algún día, morir…
Un día lluvioso, a horas de la madrugada, partieron todos en el auto de Eric, rumbo a la brillosa arena de la costa. Llevaban una gran cantidad de bebidas alcohólicas, pisaban el límite que cruza al otro lado, a la ilegalidad. Iban excedidos en la velocidad permitida, prácticamente borrachos, por lo que llegaron mucho antes de lo planeado. Es increíble como, al tratarse de adolescentes, no valoran la vida, y de echo no solo la menosprecian sino que también atentan contra ellas, con todo tipo de sustancias tóxicas para el organismo.
Al llegar a la casa de verano de los tíos de Eric, bajaron los bolsos, comieron algo, descansaron un poco, unas escasas horas. Se les paso así el día, un viaje divertido y agobiante, y una noche tranquila, serena, calma. Como no tenían ganas de salir a bailar, pero tampoco querían quedarse encerrados, decidieron ir a la playa. Una vez allí armaron una especie de fogón con una linterna, sentados bajo la luna llena e inmersos en el viento calmo recordaron viejos tiempos, los más lejanos, y los más inmediatos. Se rieron, se alegraron, lloraron, y se pusieron melancólicos. Se creó un clima de película. Estaban casi en una plena oscuridad, acompañados de los acordes de la brisa del viento y el sonar de las olas que rompían en la orilla. De pronto se hizo un silenció tal que permitió que fluya el siguiente dialogo:
-Ellas si que viven poco- (exclamó Zoe refiriéndose a las olas)
-Que filosófica estas- (ironizó Amanda)
-Las olas no tienen vida (acotó Evan inocentemente)
-¿Y vos qué sabes? (dijo Eric como defendiendo a su novia)
-Dejen de discutir por unas simples olas y hablemos de lo hermosa que soy (dijo Violet presumiendo, bromeando e intentando apaciguar las aguas)
Así todos dejaron de lado el tema y comenzaron a burlar a Violet por lo engreída que era. De este modo pasaron el rato.
Hay que destacar que la sencilla e ingenua deducción de Zoe era cierta, Las olas nacen, crecen y a los pocos segundos no son nada, desaparecen, así sin más, mueren. No dejan rastro alguno, solo un poco de espuma, que se acumula en la orilla y la sensación de que nunca existieron.
Tras esa noche playera, regresaron a la casa, que había sido prestada por el tío de Eric, y planificaron qué hacer la madrugada siguiente. No era muy difícil poder adivinar que querrían, salir a bailar, tomar tragos, conocer gente y por qué no tener una noche de lujuria. Después de todo existe el sexo casual.
Llegado el momento, todos se bañaron, se cambiaron, los chicos se quejaban porque las mujeres no salían del baño. Ellos preparados hace horas y ellas todavía tenían por delante el secador de pelo, la planchita, buclera, buscar ropa adecuada, que no las haga gordas ni esqueléticas, ni feas ni destaque algún defecto que pudiesen llegar a tener.
Todos son seres humanos, la naturaleza dotó de características generales similares tanto al hombre, como a la mujer, Pero son tan distintos, tienen prioridades tan diferentes. El tiempo que dedican a cambiarse, a producirse para salir a bailar, es tan distante uno del otro. Para ambos pasa, envejece al mundo minuto a minuto, se va, rápido o despacio, el tiempo es objetivo o subjetivo dependiendo de quién lo sienta. Pero siempre pasa, es inevitable. No deja rastro alguno, solo el movimiento de las agujas del reloj y la sensación de que nunca existió.
Cuando entre todos acordaron estar listos, partieron a bailar, buscaron un buen lugar y entraron. Una vez allí bailaron, tomaron, se divirtieron. Las chicas fueron al baño juntas, como es de costumbre en la cultura femenina, Evan y Eric se quedaron solos moviendo las caderas al ritmo de la música. Pasaron unos minutos, ellas no regresaban, en el momento que Eric le comenta a Evan que tardaban mucho, lo roza una mujer, muy atractiva y sensual, tuvieron una mirada cómplice, la chica sonrió y se acercó sigilosamente a él, percibieron mutuamente el aroma de la excitación, y se besaron apasionadamente, en medio de todos, bajo el riesgo de ser descubiertos, Evan quedó sorprendido mirando la situación. Las chicas salieron del baño y se dirigieron a donde estaban ellos. En un momento Amanda se detiene, frena a las chicas y le pregunta a Zoe:
-¿Ese no es Eric?- (con una mueca que destilaba algo de villana de cine)
-No… (llega a decir Violet, antes que la interrumpa Zoe)
-Sí, es él (respondió hundiéndose en un dejo de tristeza)
Zoe quedó obnubilada, en medio de la muchedumbre de gente, mirando la situación sin que Eric se percatara, en ese momento una lágrima se desprendió de uno de sus ojos, de desplazó por su mejilla y terminó muriendo en los labios de ella. Marcando un principio y un fin. Un hito en la vida de Zoe, que imprimiría un antes y un después. Un bombardeo de infidelidad declarada a su corazón, su mundo se hizo trizas en segundos, una imagen se le vino a la mente, una sola, la única imagen que le aparece a una persona que vivió lo que ella… Se repuso y le pidió a las chicas que no dijeran nada, que ella sabía que hacer. Ella o el destino, siempre alguien se encarga de aquello que no somos capaces de entender. La vida misma es indescifrable. Para poder vivir hay que, algún día, morir.
Volvieron hacia ellos como si nada hubiese pasado, terminada la velada, salieron del boliche, volvieron a dormir a la casa. Agobiados por el cansancio, no se detuvieron ni en descambiarse. Solo quedaba por delante una madrugada para disfrutar.
Violet, Eric, Evan y Amanda se levantaron más temprano que Zoe, al parecer ella por llorar no había logrado conciliar el sueño. A Eric le pareció extraño que su novia siguiese durmiendo, por eso preguntó:
-¿Se sentía mal? (dijo casi desinteresadamente y como obligado)
-No (respondió Violet y antes que siguiera explicando la verdad la interrumpió Eric)
-Ya se, se quedó sacándose el maquillaje (aseguró)
Violet recordó que Zoe le pidió que no contase lo que habían visto y por eso asintió con la cabeza y lo acompaño con un sí.
Zoe despertó tras dos horas, estaba sola en la casa, los chicos habían ido a comprar para almorzar, percató una nota sobre una mesa que decía: “Fuimos al súper. No me extrañes, te amo. Eric”, en ese momento se le vinieron recuerdos de su padres a la mente, habían muerto en un trágico accidente, en el cual solo se salvó ella, casi como de milagro. Tenia apenas unos 7 años, y recordaba aún las últimas palabras de sus padres: “No nos extrañes hija, siempre te vamos a querer y cuidar”. Tan pequeña y sola en el mundo. La muerte le había pasado cerca. La muerte llega, golpea la puerta y pasa. No deja rastro alguno, sola los cuerpos fríos pudriéndose lentamente, y la sensación de que nunca existieron.
Rompió el papel que su novio le había dejado y se dirigió al baño, se miró al espejo, estaba tan mal que casi ni se reflejaba. La miserable imagen que devolvía era la de una mujer con el rimel corrido, los ojos hinchados, la mirada que oscilaba entre la amargura y la locura. Se lavó la cara con abundante agua fría, se peinó y simplemente esperó.
Llegaron los otros y la saludaron, pusieron la mesa, prepararon la comida y “almorzaron” como a las cinco de la tarde.
Como la habían pasado muy bien, decidieron volver al boliche de la noche anterior. Terminaron de comer, empezaron a prepararse para salir. Esta vez ocurrió algo extraño: Zoe fue la primera en estar lista, la siguieron los chicos y finalmente Violet y Amanda. Zoe sugirió:
-¿Si antes caminamos un rato por la playa? La otra vez, la primera madrugada la pasamos muy bien y no quiero irme sin despedirme del mar. Tal vez nunca regrese…
Como a todos les pareció razonable la idea, rumbo al boliche en el auto de Eric, se detuvieron y se bajaron en la entrada de un balneario. Entraron caminando, continuaron sin un rumbo definido y en un momento Zoe dijo:
-Chicos sigan, ya los alcanzo (con la voz como cerrada)
Caminaron como unos ciento cincuenta metros más, sumergiéndose en la penumbra lejana de la playa, cuando Eric miró una estrella que brillaba curiosamente, exclamó:
-¿¡Zoe!?
Vio hacia atrás, pero como estaba muy oscuro no la encontraba entre la ausencia de luz. Solo divisó una especie de sombra que caminaba en dirección al mar. Decidió ir a buscarla y cuando llegó a donde estaba se encontró con algo que nadie esperaría encontrarse, algo para lo cual nadie está preparado.
Zoe yacía muerta en la arena húmeda con un papel en la mano, no había nadie alrededor, solo unas pisadas que culminaban en la orilla del mar, allí donde las olas morían. Ella había resuelto morir, su alma se desprendió de su cuerpo y caminó hacia el mar. Eric se agachó a recoger el papel, tomó de la mano a Zoe, leyó el escrito, este decía: “No me olvides”.
Se hundió en un mar de lágrimas, no sabía que había pasado, nada cerraba, todo era tan confuso y raro. En un momento pareció ver a través de los ojos de Zoe. Se veía a él mismo besando a la rubia de la noche anterior, podía sentir una lágrima cayendo por su rostro. En ese momento la brisa del viento dejó de correr, las olas dejaron de romper, una neblina apareció de la nada y lo rodeó. Él necesito creer que era ella que lo abrazaba y le susurraba al oído: Te perdono. Eric le soltó la mano y caminó lentamente al agua, terminó por desaparecer en el mar, entre las olas que volvieron a romper.
Para Zoe, Eric nunca la amó. Él se había olvidado de todos los momentos vividos, de las cosas lindas que se decían, de sus salidas, de las cartas que se mandaban, de los mails, de sus planificaciones para formar una familia, de los nombres pensados para sus hijos y sobre todo, del amor. El amor que no deja rastro alguno, solo corazones heridos, sangrantes, almas en pena, llantos eternos, fuegos que ardieron apagados y la sensación de que nunca existió.
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