El teatro es tan infinitamente fascinante, porque es muy accidental, tanto como la vida.
Arthur Miller
La destrucción absoluta puede estar más cerca de lo que nosotros pensamos. ¿Cuánto estamos dispuestos a adentrarnos en aquello que naturalmente esta oculto? No siempre la verdad es buena, a veces las mentiras son sanadoras de males no conocidos. Vivimos de mentiras, crecemos sobre ellas, las elaboramos…
Primavera otoñal, frío cálido, alegre tristeza, y vida mórbida. Estas son las características y el perfil de un destino determinado por alguien que obviamente no puede hacer el bien.
Mía de pequeña predijo toda su vida actual, es como si hubiese tenido un sueño del futuro en el presente. De alguna manera vivió dos veces lo mismo, cuando lo soñó y luego cuando lo pasó. Belleza por demasía, juventud, buen pasar económico, padres vivos, no separados, amigos en abundancia, novio comprensivo. Si una persona tiene todo lo bueno en sus manos, al mismo tiempo tiene todo lo malo, la luz no existe sin la oscuridad, el orden no existe sin el caos, el bien sin el mal y la vida sin la muerte. Cuando el mundo estaba tranquilo, Pandora abrió su caja, lograron escaparse la vejez, las enfermedades, la fatiga, los vicios, las plagas, la tristeza, la pobreza, el crimen y lo más importante, la locura. Justo cuando iba a salir la esperanza, esta mujer cerró la caja. La mismísima Cleopatra teniendo un reino bajo su poder terminó muerta bajo sus propias manos, hasta Dios sucumbió siendo inmortal. El peso de la vida suele caer sobre nosotros, no pudiendo hacer nada, más que dejar ser aplastados.
Terminó el colegio y empezó una carrera universitaria, Psicología, tal vez eso explicaba todo. Más allá de esto hacía un taller de teatro, uno de expresión corporal y otros tantos relacionados al arte de emocionar. Esta debería de ser su verdadera vocación, ponerse frente al espejo desde siempre e inventarse historias y hacer todos los personajes simultáneamente, no lo hace cualquier persona, normal. Ella quería ser actriz, enseñar teatro, no le importaba eso que se suele decir en ese extraño mundillo sobre los actores, que cada tanto pasan periodos de inactividad con consecuentes crisis financieras, ni si quiera le importaba ser olvidada, si es que algún día llegaba a ser conocida. Ella no entendía sobre eso, solo lo pensaba, no tenía idea de lo terrible que es ser olvidado, o quedar en el olvido por siempre, o peor aun, ser devorados por el olvido.
Para Mía el teatro lo era todo, cada segundo que pasaba se intoxicaba más de esta disciplina de la cual pocos pueden salir. Actuar, ¿qué es? Es hacerse pasar por cosas que uno no es, y hacerse pasar por cosas que uno no es, habla de una persona esquizofrénica, claro está que acá lo que salva a Mía de eso es justamente, lo mismo que podría condenarla. Créete el personaje, eso le decían, le daban consejos perjudiciales para el entorno. No se daba cuenta que era lo que le estaba ocurriendo, puesto que no le sucedía nada. Con el tiempo fue perfeccionando, y adquiriendo nuevas técnicas para conmover o divertir a cualquier persona que disfrutaba del espectáculo en que participaba en ese momento.
Los padres de ella en realidad deseaban que se incline por algo que le redituara dinero, y que fuese seguro, pensaban en el bienestar de su hija, en el propio. Si bien les gustaba y enorgullecía lo que su hija lograba arriba de las tablas plagadas de fantasmas que no logran escaparse porque su vocación los aprisiona, como todo padre sus pretensiones no se correspondían con las de su hija.
Llegó el gran día, el estreno de la obra en que Mía había conseguido adquirir un protagonismo destacable, para el cual esperó una eternidad detenida en el tiempo. Cuando la seleccionaron como la más apta para llevar a cabo ese personaje, estalló en llanto, ¿cuántos sentimientos juntos se le habrán entrecruzado para provocarle eso? Nunca lo supo. A Mía solo le preocupaba una cosa, la escena final, la cual era muy complicada, porque el personaje debía desgarrarse en un lamento infinito y derramar tantas lágrimas como gotas tiene un día lluvioso. Mientras ensayaba frente a su reflejo, utilizó todos los métodos aprendidos, recordar cosas feas pasadas, el problema era ese, que había tenido una vida tan perfecta que nada le provocaba tristeza alguna. Se volcó por tratar de lograr aquel estado pedido por medio de las vivencias del personaje, pero de uno u otro modo sabía que eso no era real, entonces no podía ponerse mal por algo que no existía. En los ensayos le salía perfecto, y no sabía cómo. Decidió que como lo había hecho hasta ahora dejaría librado al azar, dejar correr la escena y resignarse a que el llanto llegue solo.
Ese magnánimo y nefasto momento se situó sobre el escenario. El final de la obra tocaba a la puerta de Mía, caía en ella toda la responsabilidad, debía lograrlo, estaba convencida que podía hacerlo. Es por ello que comenzó a retirarse en recuerdos, al mismo tiempo que todo el público observaba tenso, una tormenta de cosas que ella no recordaba haber vivido aparecieron, la enceguecieron a tal punto que los espectadores gimieron de suspenso. Una vida contraria a la vivida le sucedió en forma de imágenes por la mente, se encontraban ocultas en lo más recóndito de la memoria, guardadas en lo más profundo del alma de Mía. Recuerdos innombrables, amorales, devastadores. Todo pasó en segundos, segundos en que esas evocaciones destruyeron la mente de la joven. Se bloqueo como medida de protección a tal punto que cayó fría y triste al piso. Se cerró el telón y la gente se puso de pie para aplaudirla. Nadie sabía que eso no estaba en el libreto, salvo sus compañeros y el director. Subió esa gran cortina que siempre devela cuál es la verdad y Mía seguía tirada en el piso en un estado catatónico. Dejaron de aplaudir, casi ni respiraban… Los padres de ella subieron rápidamente al escenario llorando y pidiendo a los gritos que llamasen a alguien que los ayude. Aunque la asistencia médica llegó rápido, ya de nada sirvió. Nada se supo hasta una vez internada en la clínica. Muerte cerebral le diagnosticaron, las causas se desconocen hasta el día de hoy. Los años pasaban y Mía estaba igual, solo hacía una cosa junto con el resto de la humanidad, envejecer, pero nada más.
“Nunca pensé llegar a ser uno más de ellos , los sentía, pero dudaba sobre su existencia, ahora no solo los siento, sino que los veo y escucho, la vida acá es totalmente distinta a la conocida. Sientan los fantasmas del teatro, eso me dijeron cuando pisé por primera vez uno, a quien me lo sugirió lo miré con gracia y hasta casi con lástima, pero esos sentimientos cambiaron de inmediato cuando uno de ellos me traspasó como diciéndome acá estoy, y luego otro, y otro, eran miles. Algunos eran como yo, otros eran los personajes, que interpretaban los actores, que no se resignaban en desaparecer terminada una obra y antes de perecer se escapaban, pero quedaron atrapados por siempre aquí, junto a mi. A veces pienso en eso que recordé aquel día, nunca me atrevería a contarlo por el simple hecho de que a alguien le pase lo mismo que me pasó a mi, pero sigo preguntándome, cómo pude olvidar aquello, no lo entiendo, tampoco entiendo cómo ni por qué me hicieron eso. Solo se, ahora, que nada puedo hacer. Ya es tarde, no pude manejar la memoria emotiva”
Mía
hermosooooo pero me vas a hacer llorar tarado jajaja la proxima escribi algo lindo mierda jajaj
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